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Archivo de la categoría: Narratología

La “desaparición” del “autor”

O de cómo la introducción de niveles de análisis deshace ilusiones.

«(…) En ciertas corrientes novelísticas de la primera mitad de siglo, esta tendencia estaba ligada a la célebre “desaparición del autor” (a la cual habría que llamar más bien “reducción de elementos discursivos extradiegéticos”) preconizada por novelistas y críticos tan dispares como Hemingway, Joyce o Lubbock. (…)»

José Ángel García Landa, Acción, relato, discurso, p. 162.

Así pues, nada de “desaparición del autor” (¿cómo sería esto posible? ¿quién escribiría? ¿quién recibiría los royalties? ¿quién acudiría a reuniones laudatorias? ¿quién recibiría el Premio Planeta? –eso por no hablar de otras funciones menos “literarias”), sino reducción (que es mucho más modesto que “desaparición”) de elementos discursivos extradiegéticos, es decir, de la intervención de las instancias externas al relato, como se plasma en la crítica al comentario, a las valoraciones explícitas, etc. (para esto cfr. W. Booth, La retórica de la ficción).
Supongo que esto se puede también explicar de dos maneras: por un lado, esas “intervenciones” pueden dejarse “vacías”, “implícitas”, listas para que el lector contemporáneo, que incorpora en sí los códigos sustitutivos, descargue al autor de esas andaderas textuales propias de anteriores periodos del género. El lector ya no requiere de la conducción expresa del autor; a medida que se complica el género, aumenta el papel y las exigencias del receptor. No me atrevería a decir si es el lector el que se hace a la novela o si no es más bien la novela la que genera sus propios lectores; supongo que aquí, como en muchos otros sitios, el feedback es la mejor respuesta. Por otro, pudiera ser que el autor no tuviese nada que decir sobre el relato, que no se “atreviese” a comentar, y que dejase entonces al lector desamparado, envuelto en la necesidad de rellenar las ausencias sin ninguna seguridad en lo que está haciendo. El autor no sabe, ha perdido su “autoridad”, y en esa ausencia de lazos –digamos– “comunitarios” el lector debe andar “orientándose” a la kantiana.
Cuestión de hermenéutica en ambas, aunque una más nihílica que la otra.

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Publicado por en abril 12, 2018 en Hermenéutica, Narratología

 

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The poet and his muse

«What is the precise nature of the relationship between the Muse and the poet in early Greek poetry? Whatever it is, the poet is certainly not the unconscious instrument of the divine, as some scholars as sugested. G. M. A. Grube, for example, says of the invocations in Homer: ‘When Homer invokes the Muses on his own account, everything is inspiration and he speaks as if the poet were but a passive instrument.’ The first three words of the Iliad (Mênin áeide theá) might indeed be taken to suggest that the poet is nothing but the instrument of the goddess. But the request for specific information at 8 (Who then of the gods brought them together to contend in strife?) suggests that the poet is an active recipient of information form the Muse rather than a passive mouthpiece».

P. Murray, “Poetic inspiration in Early Greece”, en: I. J. F. de Jong (ed.), Homer. Critical Assessments, vol. IV, 1999, pp. 31-32.

Anteriores post relacionados:
Los dioses y la épica, 11-05-2011.
Píndaro, el poeta, la transgresión, 06-07-2011.
Los dioses y el discernimiento primero, 15-08-2011.

 
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Publicado por en noviembre 1, 2012 en Cosas de Grecia, Materiales, Narratología

 

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Hegel y la historia y el estado

«La palabra historia reúne en nuestra lengua el sentido objetivo y el subjetivo: significa tanto historiam rerum gestarum como las res gestas mismas, tanto la narración histórica como los hechos y acontecimientos. Debemos considerar esta unión de ambas acepaciones como algo más que una casualidad externa; significa que la narración histórica aparece simultáneamente con los hechos y acontecimientos propiamente históricos. Un íntimo fundamento común las hace brotar juntas. Los recuerdos familiares y las tradiciones patriarcales tienen un interés dentro de la familia o de la tribu. El curso uniforme de su estado no es objeto del recuerdo; pero los hechos más señalados o los giros del destino pueden incitar a Mnemosyne a conservar esas imágenes, como el amor y el sentimiento religioso convidan a la fantasía a dar forma al impulso que, en un principio, es informe. El Estado es, empero, el que por vez primera da un contenido, que no es sólo apropiado a la prosa de la historia, sino que la engendra. En lugar de los mandatos puramente subjetivos del jefe, mandatos suficientes para las necesidades del momento, toda comunidad, que se consolida y se eleva a la altura de un Estado, exige preceptos, leyes, decisiones generales y válidas para la generalidad, y crea, por consiguiente, no solo la narración, sino el interés de los hechos y acontecimientos inteligibles, determinados y perdurables en sus resultados –hechos a los cuales Mnemosyne tiende a añadir la duración del recuerdo, para perpetuar el fin de la forma y estructura presentes del Estado. Un sentimiento profundo, como el amor y también la intuición religiosa, con sus formas, es totalmente actual y satisface por sí mismo; pero la existencia externa del Estado, con sus leyes y costumbres racionales, es un presente imperfecto, incompleto, cuya inteligencia necesita, para integrarse, la conciencia del pasado».

G. W. F. Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Alianza, p. 137.

Anteriores post relacionados:
La «historía» y la historia de los géneros, 13-04-2011.
Heródoto y la invención de la prosa, 03-06-2011.
Tucídides y la invención de la prosa, 14-06-2011.
Prosa y democracia griega, 22-09-2011.
Herodoto como narrador (Benjamin), 21-12-2011.
La escritura y la historia, 19-03-2012.

 
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Publicado por en octubre 30, 2012 en Materiales, Modernidades, Narratología

 

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Movimientos narrativos en el texto narrativo

Valga la redundancia, claro.

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Publicado por en enero 30, 2012 en Materiales, Narratología

 

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La definición como instrumento heurístico

«En nuestra exposición remitiremos a muchas teorías anteriores, y elaboraremos un buen número de conceptos y definiciones que han de entenderse en general como procedimientos heurísticos, herramientas analíticas. No “hay” tres niveles de análisis, o cuatro, en un texto narrativo, ni “hay” una diferencia entre voz y punto de vista, o entre narrador y autor, si por ello se entiende que esas diferencias se encuentran presentes en el texto como hechos brutos. No hay definiciones absolutas, ni teorías verdaderas en este sentido ingenuo del término. Sólo hay definiciones o teorías más o menos explicativas, en un momento dado del desarrollo de una disciplina. Una definición es una especie de traducción: nos ayuda a captar un fenómeno en términos de otros fenómenos a los que ya tenemos acceso de una u otra manera. Por tanto, la definición de un objeto determinado varía según el “idioma” en que la queremos formular. Lo mismo podría decirse de las teorías en general. Teorías y definiciones responden a una finalidad determinada. Desde un punto de vista metateórico, la definición en cierto modo crea al objeto definido. El hacer mutuamente traducibles las teorías de la narración y el tender puentes hacia la semiótica y la pragmática nos ayudará, por tanto, a comprender mejor las relaciones entre contextos disciplinares muy diferentes con vistas a los cuales se elaboraron las teorías, y a delimitar terrenos de encuentro. Esto debe tenerse en cuenta antes de dar un carácter absoluto a las definiciones que damos de relato, de perspectiva, etc. Un estudio metateórico también tiene un proyecto y un contexto, y sus conceptos deben medirse en relación a él. No es que definamos hoy lo que es un relato con más exactitud que Aristóteles: lo que sucede es que Aristóteles no necesitaba remitir este concepto a tantas disciplinas y áreas de la experiencia como ha de hacerlo la crítica actual, debido sobre todo a la división del trabajo (y por ende del trabajo intelectual), a la creciente especialización del conocimiento y de la actividad discursiva».

J. A. García Landa, Acción, relato, discurso, pp. 15-16.

Anteriores post relacionados:
Trascendentalidad, epagogé, hermenéutica, 18-05-2011.
De inocencias triviales, 03-01-2012.

 
 

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Novela y análisis funcional

«Existe el peligro de malinterpretar el estudio de Propp si se pretende aplicarlo como método hermenéutico para el análisis de la novela o el cuento moderno. Ya desde antiguo, la novela es una perversión del mito y una problematización del discurso social presupuesto en ella (véase por ej. Julia Kristeva, Le texte du roman). La novela difiere del cuento popular no sólo en su extensión, sino en el conjunto de su estructura, incluyendo en este concepto la manera en que toma posición frente a la ideología social. La novela como género problematiza los esquemas narrativos propios del cuento folklórico y del mito, a la vez que los utiliza. Este hecho es especialmente llamativo en la novela de nuestro siglo. En una novela como Molloy, de Samuel Beckett, encontramos una estructura que parece prestarse al análisis funcional de Propp. En la primera parte, el vagabundo Molloy parte en busca de su madre y pasa por diversas peripecias en las cuales podríamos reconocer diversas funciones del esquema de Propp. En la segunda parte, el detective Moran recibe una orden de partir en busca de Molloy. Los temas de la carencia y el viaje del héroe son por tanto un elemento tradicional, mítico-folklórico, presente en esta novela. Pero son elementos utilizados como un ingrediente más en el juego textual: no nos dan de por sí la clave de la obra. Y, por supuesto, aparecen parodiados. Nunca están claras las razones que tiene Molloy para ir a ver a su madre (ni siquiera sabemos si su madre es realmente su madre). Su viaje será increíblemente lento y tortuoso, sin dirección fija. Molloy pasa de la bicicleta a las muletas, y de las muletas a la reptación. Y el viaje termina en un interrogante. Una desviación comparable se da en la historia de Moran. En ambos casos el elemento del fracaso en la empresa arquetípica va unido simbólicamente a su “fracaso” en tanto que textos convencionales, a la frustración del lector que pretende reducirlos a esquemas familiares y al fracaso metafísico que es el núcleo temático de la obra de Beckett en su conjunto».

J. A. García Landa, Acción, relato, discurso. Estructura de la ficción narrativa, pp. 38-39.

Anteriores post relacionados:
La novela y la hermenéutica, 18-10-2011.

 
 

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Temps et récit

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“Regalo” de Amazon, gracias a mi buen amigo Raúl Quirós.

 
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Publicado por en enero 19, 2012 en Materiales, Narratología

 

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