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Diálogos autodiegéticos y allodiegéticos (tipología dialógica, 2)

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La obra de Platón puede organizarse en dos grandes grupos: diálogos no enmarcados y diálogos enmarcados (non framed and framed dialogues)[1]. En los primeros, los no enmarcados, la conversación filosóficamente relevante (el “diálogo socrático”) se presenta de un modo inmediato, en ND1[2], de suerte que las narraciones que ocurren en el diálogo juegan un papel esencialmente subordinado a la discusión en la que se inserta[3]. En este caso, las narraciones podrán tener más o menos influjo en la marcha de la conversación, pero, al no envolverla, nunca la influirá globalmente. En los enmarcados, por su parte, determinada conversación filosóficamente relevante se nos presenta, con más o menos complejidad, por medio de la narración de uno de los personajes del diálogo-marco; de este modo, ND1 aparece a primera vista como un “prólogo” que antecede a ND2, el diálogo realmente importante. Así pues, la presencia de esta instancia narrativa global hace que la conversación filosófica aparezca situada a cierta distancia del nivel inmediato de recepción[4]. Se trata, por lo tanto, de diálogos incrustados narrativamente, influidos focalmente por la narración que se produce en ND1.

Así pues, la presencia o no de esta influencia de la “focalización” es el fundamento concreto para distinguir entre estos diálogos “diegéticos” y los restantes diálogos “dramáticos” o “miméticos”. En efecto, como ya se ha señalado, toda narración comporta una “focalización”, rasgo del cual está exento, al menos en el nivel textual interno, el nivel dialógico primario, por representar el ámbito de la inmediatez[5].

Dentro del grupo de diálogos enmarcados o “diegéticos” cabría realizar una ulterior distinción, en virtud de la índole de la instancia narrativa global. Se podría distinguir entre diálogos enmarcados autodiegéticos, en los que es el propio Sócrates el narrador, y diálogos enmarcados allodiegéticos, cuyo narrador es otro que Sócrates[6]. Un análisis general de estos diálogos muestra que, mientras los primeros están marcados por una cierta cercanía temporal (Sócrates refiere lo que pasó “ayer”, por ejemplo, en La República), los últimos parecen situarse, por el contrario, en una relevante lejanía temporal e incluso espacial con respecto a la conversación relatada. En este sentido, el modelo de estos últimos es el Fedón, donde, pese a que su narrador primario estuvo presente en la narración, sin embargo, ésta se produce en una remota distancia espacio-temporal que puede aproximarse a la que instaura el acontecimiento que se narra, la muerte de Sócrates. Todo diálogo allodiegético comparte esa inmensa distancia del Fedón que no podría ser recogida en las narraciones autodiegéticas de Sócrates. Los diálogos que entran en esta categoría se presentan todos ellos como grandes bloques analépticos, donde alguien narra alguna célebre conversación socrática que tuvo lugar hace ya algún tiempo.

Notas:

[1] Sobre esta clasificación de los diálogos, véase K. A. Morgan, “Plato”, en Narrators, Narratees, and Narratives in Ancient Greek Literature. Studies in Ancient Greek Narrative, Volume One, I. J. F. de Jong, R. Nünlist & A. Bowie (eds.), Leiden-Boston, 2004, pp. 359-361. Ya Diógenes Laercio (III, 50) refiere la noticia de que algunos agrupaban los diálogos en “dramáticos”, “narrativos” y “mixtos”, de acuerdo con la célebre distinción de La República.

[2] Véase D. Clay, “Plato’s first words”, en Beginnings in classical literature, F. M. Dunn & Th. Cole (eds.), Cambridge, 1992, p. 116-117.

[3] Para un intento de tipificación de estas narraciones, véase K. A. Morgan, 2004, p. 368-376.

[4] Véase D. Clay, 1992, pp. 117-118.

[5] La precisión de “al menos en el nivel textual interno” se debe a que se puede llegar a sostener, y quizá con importantes razones incluso internas al texto platónico (véase K. A. Morgan, 2004, p. 358-359), que todo diálogo platónico es reductible a un estrato narrativo primario. En tal caso, sin embargo, las distinciones aquí realizadas seguirían siendo pertinentes, por cuanto el nivel “focalizador” primario, el del “narrador implícito”, sería el mismo para todo diálogo, fuera dramático o diegético, de modo que seguiría siendo relevante la distinción entre este nivel general de “focalización” y los momentos de “focalización” de los personajes, así como seguiría siendo verdad que toda narración, exceptuando la “narración implícita” que sería el nivel dialógico primario, se presentaría siempre en un diálogo y, por tanto, que todo narratario, con la excepción también del “narratario implícito” en ND1, sería siempre dialógico. Es decir, seguiría siendo relevante el estatuto de inmediatez intratextual con que se presenta el nivel dialógico primario. Por ello, prefiero recurrir a las categorías de “autor” y “lector” para remitir a esas instancias implícitas supuestamente narrativas.

picabia lausana abstracta

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Clinias será refutado (Sprague sobre Eutidemo 275e)

R. K. Sprague, Plato’s Use of Fallacy, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1962, p. 4

 
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Publicado por en febrero 6, 2018 en Materiales

 

Relevancia de la erística (Sprague)

R. K. Sprague, Plato’s Use of Fallacy, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1962, p. 1

R. K. Sprague, Plato’s Use of Fallacy, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1962, p. 3

 
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Publicado por en enero 25, 2018 en Materiales

 

Sofística y filosofía en el Eutidemo (Pardo)

El Eutidemo no comienza exactamente así, sino con una pregunta de Critón, que interroga a Sócrates para saber quién era la persona con la que hablaba el otro día en el gimnasio. Como es típico de Sócrates, él responde a esta pregunta con otra, que no resulta en absoluto trivial: «¿A cuál de los dos te refieres? Porque eran dos» (271a).

Existe, pues, una cierta dificultad para distinguir a estos dos, para discernir a Eutidemo de Dionisodoro, como si en algún sentido los dos fueran uno. Uno que es dos, dos que son uno (como en el leibniziano principio de identidad de los indiscernibles, según el cual dos cosas iguales no pueden ser dos), dos juegos que quisieran ser uno solo. De hecho, como los indiscernibles de Leibniz, Eutidemo y Dionisodoro sólo se distinguen en principio porque el uno (Eutidemo) está a la derecha de Sócrates y el otro (Dionisodoro) a la izquierda. Una distinción real, sin duda ( porque la izquierda y la derecha no pueden superponerse), pero no conceptual (pues conceptualmente Eutidemo y Dionisodoro son «lo mismo», a saber, en palabras de Critón, «un nuevo cargamento de sofistas» , 271 b). Este «ser lo mismo» aunque sean dos (emparentado sin duda con la repetidamente argumentada elasticidad del juego I) constituye a todas luces la raíz de sus éxitos (éxitos estratégicos, pues antes de dedicarse a la argumentación ambos han sido diseñadores de defensas y ataques militares). De hecho, emprenden la conversación con Clinias como quien emprende una batalla, no sin antes haber optimizado hasta el infinito sus posibilidades de triunfo: «Todas las preguntas que nosotros formulamos, Sócrates, son así: no tienen escapatoria» (276e). No tienen escapatoria porque son emboscadas, porque precisamente se obliga al enemigo a elegir entre dos caminos que -como Dionisodoro y Eutidemo- en realidad no son dos, ya que tome el que tome será derrotado. Las preguntas que ellos hacen no tienen escapatoria porque no tienen un sentido, sino dos al mismo tiempo. Y allí donde hay un sentido, hay una escapatoria posible. Clinias no tiene escapatoria cuando los estrategas le plantean la aporía del aprender, cuando le preguntan si los que aprenden ya saben o son ignorantes, porque cualquiera de las dos opciones que elija le conducirá a la contraria (¿cómo van a aprender si ya saben?, ¿cómo van a saber si están aprendiendo? ) y, por tanto, se verá obligado a callar al haber caído en contradicción consigo mismo («será refutado responda lo que responda» , susurra Dionisodoro al oído de Sócrates mientras Eutidemo conduce a Clinias al fracaso) . Hermanos indiscernibles, Eutidemo y Dionisodoro funcionan como los extremos de una misma cuerda elástica (que consiguen ser «lo mismo» a pesar de decir cosas literalmente contrarias) con la que atan y atormentan a Clinias, tirando de ella en ambos sentidos a la vez, hasta que consiguen que el muchacho «Se desplome» . Cuando Eutidemo ha llevado a Clinias a autorrefutarse, a abandonar su primera respuesta (que los que aprenden son los que saben), Dionisodoro completa el nudo llevándole a la autorrefutación cuando quiere sostener, para escapar, que los que aprenden son los que ignoran.

Puede que esta imagen -la de Eutidemo y Dionisodoro enredando a sus interlocutores en semejantes paradojas- sea ridícula (así se lo parece, desde luego, a Critón, interlocutor a quien Sócrates está narrando su encuentro con los dos polemistas), pero en realidad es la única imagen que Platón (y por las mismas razones Aristóteles) admitiría como correlato de aquella ciencia capaz de reunir los dos juegos en uno solo, la única imagen narrable que en toda la obra de Platón aparece del aparentemente inalcanzable «juego 3». Pues, en efecto, ahí los dos (la izquierda y la derecha, el antes y el después, las diferencias no conceptuales) se convierten en uno solo, la cuerda que hace siempre desplomarse al adversario, ahí el uso y la producción parecen confundirse porque, en cualquiera de las dificultades de las que se sirven los «educadores» de Clinias, la diferencia entre sujeto y predicado, entre nombrar y decir, se ha esfumado.

¿No querrá esto decir que ese juego al que juegan los sofistas, o al menos Dionisodoro y Eutidemo, ese juego ridículo, autodestructivo e inofensivo es la filosofía? La confusión entre sofística y filosofía (que desde nuestro actual optimismo tardomoderno puede ilusoriamente parecernos un gravísimo error) era, al parecer, la situación normal en la Atenas en la que vivían Sócrates, Platón y Aristóteles (como, aunque nos cueste creerlo, sigue siendo la situación normal en nuestros días). En el momento en que los dos últimos escriben, se trata de una distinción por completo ajena al ciudadano corriente, y todo el Eutidemo testimonia la confusión. Casi al final del diálogo, un interlocutor anónimo censura ante Critón la actitud «escolástica» de los polemistas ociosos, e implícitamente
también la de Sócrates, identificándola claramente con la filosofía.

José Luis Pardo, La regla del juego, pp. 153-155.

Pisarro Bargues

Ver también:

 

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Énfasis formal de la sección central del Eutidemo (Thesleff)

In the Euthydemus, the central section (290d-293a) is emphasized, as in Phaedo, by the resumption of the frame dialogue. And there are also other features, such as young Kleinias suddenly growing out of his role, which draw our attention to the notion that the Kingly Art -I am sure the Philosopher King somehow figures in the background- is the onlye reliable way to the ‘good’ (292c) and to human happiness.

Holger Thesleff, “Looking for clues: an interpretation on some literary aspects of Plato’s ‘Two-level model'”, en: G. A. Press (ed.), Plato’s dialogues. New studies and interpretations, Maryland: Rowman & Littlefield, 1993, p. 31.

picabia salome

Véase también:

 

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Bibliografía sobre el Eutidemo

(Iré actualizándola)

Ediciones:

  • Burnet, J.: Platonis opera III, Oxford Classical Texts
  • Gifford, E. H.: The Euthydemus of Plato, New York: Arno Press, 1973
  • Méridier, L.: Oeuvres complètes. Tome V, 1re partie, Ion, Ménexène, Euthydème, Paris: Les Belles Lettres, 1956.
  • Oliveri, F. J.: Diálogos II, Madrid: Gredos, 2000.
  • Schmidt Osmancizk, U.: Eutidemo, México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.
  • Sprague, R. K.: Euthydemus, Indianapolis, New York, 1965.

Bibliografía secundaria:

 

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Lógica sofística de palabras (M. Narcy)

En: M. Narcy, Le philosophe et son double. Un commentaire de l’Eythydème de Platon, París: J. Vrin, 1984, p. 76

 

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