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Archivo de la etiqueta: Retórica

La sofística, la retórica y la ruina (minipost)

Los problemas, en verdad, no se plantean espontáneamente mediante el simple juego de las ideas: la historia de las ideas no ha sido nunca “su propio principio de inteligencia”. Para que tales temas surjan, para que la filosofía plantee el problema de las relaciones entre la palabra y la realidad, para que la Sofística y la Retórica construyan una teoría del lenguaje como instrumento de persuasión, es necesaria la ruina consumada de un sistema de pensamiento en el que la palabra está prendida en una red de valores simbólicos, en el que la palabra es, naturalmente, una potencia, una realidad dinámica donde, en tanto que potencia, actúa sobre el otro. Estos problemas no vienen a plantearse, pues, sino en un nuevo marco conceptual, a la luz de técnicas mentales inéditas, en nuevas condiciones sociales y políticas.

M. Detienne, Los maestros de verdad en la Grecia arcaica, p. 85

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La retórica en la democracia griega

Extraigo y traduzco, un poco a vuelapluma, de Simon Goldhill, The Invention of Prose, Oxford UP, 2002 (la paginación la pongo al final del tramo citado):

(Democracia y discursividad:)
«”La democracia es una constitución de producción de discursos”, escribió Demóstenes, el gran orador del siglo IV. La Asamblea es la arena donde las decisiones políticas del estado eran debatidas y decididas publicamente –y donde las carreras políticas se hacían y se hundían. Los juzgados eran un foro no sólo de resolución conflictos sino de competencia de estatus entre los machos de la élite. El teatro escenificaba un debate para una reflexión de la audiencia. Incluso en la esfera más privada de los symposium, entremedias del vino, las mujeres y las canciones, vemos el juego lúdico de hacer discursos sobre un tema particular. En el agora, el mercado, y, más formalmente, en el teatro, intelectuales y productores de discursos profesionales extranjeros –a menudo llamados “sofistas”– ofrecían discursos para la edificación y la diversión de una audiencia de pago. Lo que es quizá tan importante como este marco institucional es el fundamento ideológico de tales prácticas. Que ambos lados de una cuestión deban ser debatidos públicamente es un lema constante del principio democrático. Que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y que la disposición de un juzgado con un jurado público es básico a una política democrática –son principios incontestados en la teoría democrática. Isêgoria –el derecho de todos los ciudadanos a hablar– es anunciada en el ritual de apertura de cada Asamblea con la pregunta del heraldo “¿Quién quiere hablar?”. Hay una frase asombrosa que resume estos principios: es meson. Literalmente, significa “en el medio” –pero implica que un ideal básico de la democracia es que todas las cuestiones deben ser puestas en público para el debate y la decisión. Demóstenes tenía razón: la democracia ateniense puede ser resumida como una “constitución de producción de discursos”».
(p.45)

(La excelencia y la democracia:)
«En efecto, lo que hace a un ciudadano un buen ciudadano es, en términos generales, inevitablemente un asunto político. Pero hay un conjunto más preciso de cometidos políticos que hacen de la educación un tema caliente en la polis clásica. Primero, si miramos atrás al periodo arcaico, encontraremos que un poeta como Teognis aconseja a un joven “pasar tiempo con los buenos/nobles [esthlos], si quieres llegar a ser bueno/noble [esthlos]”. Es decir, la excelencia, la posesión de los mejores, se transmite, por un lado, por medio del nacimiento y de la crianza, y, por otro, por medio del ambiente correcto de una vida noble. La excelencia es una idea exclusiva y exlcuyente –el gobierno aristocrático depende de aferrarse a lo que es “mejor” [ariston]. De este modo, en la poesía homérica el foco de su narración de la excelencia está casi exclusivamente centrado en los grandes príncipes del mundo griego y, cuando la acción se desplaza hacia el mundo menos elevado de las granjas de Ítaca en la Odisea, la excelencia de las figuras de nivel más bajo consiste en saber su lugar y trabajar para mantener la jerarquía del palacio (y del porquero Eumeo, que contribuye a salvar a su maestro, Odiseo, se dice que ha nacido del hijo de un rey). Sin embargo, los sofistas se ofrecen para enseñar a cualquiera que pueda pagar y la democracia suministra un escenario –al menos en teoría– en el que cualquier ciudadano puede sobresalir. La nueva educación ofrece un nuevo acceso al poder. El nuevo conocimiento ofrece a los ciudadanos no aristocráticos la oportunidad de ascender en estatus y autoridad –lo que podría parecer a las fuerzas aristocráticas un medio para el caos social».
(p. 52)

(Retórica y lenguaje en democracia:)
«La retórica como disciplina demuestra una formalización creciente de las técnicas de persuasión, y esencial a este reconocimiento del arte de hablar bien es una creciente reflexión auto-consciente sobre la naturaleza de la puesta en escena de hablar y de juzgar a los hablantes, lo que es fundamental para la democracia en acción. Central a la autoconsciencia retórica es el estudio de la auto-presentación: ¿cómo hace el orador para construir la autoridad a través de su carácter? ¿Y cómo hace un orador para socavar la auto-construcción de su oponente? Los ideales de ciudadanía son de este modo desplegados y escenificados y manipulados, ya que estas puestas públicas en escena proyectan, explorar y sacuden lo que debe ser un sujeto democrático –ya sea como hablante, ya sea como audiencia evaluadora. La retórica, pues, debe comprenderse en general como un reconocimiento auto-consciente del papel del lenguaje en el funcionamiento de la democracia. El nuevo lenguaje de la prosa –su escritura y estilo e interpretación– es absolutamente fundamental no sólo para la revolución intelectual de la ilustración del siglo V sino también para el funcionamiento político de la ciudad clásica».
(p. 79)

Anteriores post relacionados:

Heródoto y la invención de la prosa, 03-06-2011.
Tucídides y la invención de la prosa, 14-06-2011.
Paradoja (de la) retórica, 16-06-2011.
La poesía, el mito y el surgimiento de la retórica, 27-06-2011.
Platón, el demócrata, 14-07-2011.

 
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Publicado por en agosto 3, 2011 en Cosas de Grecia, Materiales

 

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Platón, la escritura, su escritura.

«Un filósofo que escribe que escribir no es digno de confianza y que es inapropiado para la filosofía no está muy lejos de un Gorgias que te dice con bastante claridad que “si algo existe, no puede ser aprehendido, y si el hombre puede aprehenderlo, no puede comunicarlo”. Más aún: allí donde Tucídides y Heródoto insistían ambos en la autoridad de la presencia –el testigo presencial que ve–, Platón casi nunca aparece en sus propios textos, y cuando lo hace es para decir que él no estaba presente. Así, en la famosa escena de la muerte en cama de Sócrates en prisión, Platón registra los amigos llorosos de Sócrates que conforman el coro del final heroico de Sócrates, sólo para agregar “pero Platón estaba enfermo” –y así no estar ahí. Platón puede rechazar la retórica y la sofística como meros juegos de palabras, pero esto no es, ciertamente, porque su prosa sea austera, científica y con una lógica rigurosamente argumentada». (p. 80-81)

«Platón puede atacar la psicología y las técnicas de persuasión del teatro trágico y la retórica, pero su propia prosa se propone de igual modo persuadir por medio de manipulación emocional, caracterización dramática y unos “efectos de realidad” increiblemente efectivos. Platón reclama repetidas veces un estatuto especial para la filosofía como disciplina, y para la prosa filosófica como una forma de argumento –pero también se apropia brillantemente del poder y las estrategias de las otras formas de prosa que he discutido en este libro». (p. 90)

S. Goldhill, The invention of prose.

Anteriores post relacionados:
Ironía platónica, 06-04-2011.
Más cosas sobre la supuesta ironía socrática y sobre la noción de prosa, 01-06-2011.

 

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La poesía, el mito y el surgimiento de la retórica.

No deja de ser curioso observar cómo la técnica de los poetas inspirados del espacio social «mítico-mágico», a pesar de estar objetivamente al servicio de la repetición de la identidad, era ya –inconscientemente– un arsenal de mecanismos para la producción de diferencias. (…) El poeta va innovando a medida que olvida, pero las innovaciones son selectivas. Así, el mitólogo no relata una «historia que viene del pasado»; inventa, pero pasa de contrabando sus innovaciones recubriéndolas con el prestigioso barniz de la tradición arcaica, haciéndolas escuchar como si se tratase de «lo que siempre se ha dicho». Así se explica que, una vez liberados –por la escritura y la ciudad– del espacio «mítico-mágico», estos procedimientos pudieran ser deliberadamente empleados para la fabricación indiscriminada de diferencias en un tipo de discurso retórico o sofístico que pertenece por antonomasia al campo pragmático de la palabra que, más que decir cosas, hace cosas –con palabras.

J. L. Pardo, La Metafísica. Preguntas sin respuesta y problemas sin solución, p. 51-52.

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Paradoja (de la) retórica, 16-6-2011.

 
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Publicado por en junio 27, 2011 en Cosas de Grecia, Materiales

 

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Paradoja (de la) retórica.

«Sin embargo, es sólo con la invención de la retórica como disciplina que “enseñar” llegó a ser un problema específico. A los griegos les gustaba contar historias sobre el “primer inventor” de las cosas. Los inventores de la retórica fueron, se dice, Corax y Tisias, en Sicilia; y el primer relato de la retórica es justamente una anécdota del enseñar como una escena de dificultad paradigmática. Corax fue el maestro de Tisias; Tisias se negó a pagarle la factura. Corax le llevó a juicio. Tisias argumentó que si el no pudiera persuadir al jurado de la corrección de su caso, entonces claramente Corx no le había enseñado nada, de modo que no sería necesario pagarle; pero si Corax le había enseñado bien, entonces el sería capaz de convencer al jurado de que no le debía nada a Corax. El relato fundacional de la retórica es, pues, acerca de cómo el maestro de retórica lleva consigo su propia paradoja».

Simon Goldhill, The invention of prose, Oxford, p.74.

 
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Publicado por en junio 16, 2011 en Cosas de Grecia, Materiales

 

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¿Qué es un «elogio»?

Retórica, I, 3. Con respecto al ἀκροατής, al que escucha, hay tres εἴδη de la retórica, ya sea que aquel sea un θεωρός o un κριτής, y con respecto a esto último sea un κριτής de τῶν γεγενημένων o de τῶν μελλόντων. Los rasgos diferenciales de cada una pueden resumirse en el siguiente cuadro:

Formas  

Retóricas

Oyente 

[ἀκροατής]

Obra Tiempo Fin 

[τέλος]

Deliberativa 

[συμβουλευτικόν]

juzgador / asambleario Consejo y disuasión 

[προτροπή καὶ ἀποτροπή]

Lo que vendrá 

[ὁ μέλλων]

La conveniencia y el perjuicio 

[τὸ συμφέρον καὶ βλαβερόν]

Judicial 

[δικανικόν]

juzgador / juez Acusación y defensa 

[κατηγορία καὶ ἀπολογία]

Lo que ocurrió 

[ὁ γενόμενος]

La justicia y la injusticia 

[τὸ δίκαιον καὶ τὸ ἄδικον]

Mostrativa 

[ἐπιδεικτικόν]

“Espectador” Elogio y censura 

[ἔπαινος καὶ ψόγος]

Lo que está presente 

[ὁ παρών]

La belleza y lo deshonroso 

[τὸ καλὸν καὶ τὸ αἰσχρόν]

 

Retórica, I, 9 1366ass añade a los «fines» de la retórica «mostrativa» la ἀρετὴ y la κακία, que siempre son bellas o deshonrosas.

Retórica, I, 9 1367b33: «el elogio es el decir que exhibe la magnitud de excelencia» [ἔστιν δ᾽ ἔπαινος λόγος ἐμφανίζων μέγεθος ἀρετῆς]

Anteriores post relacionados:
Bibliografía para el “elogio de Sócrates” de Alcibíades en El Banquete, 8-3-2011.
Notas preliminares sobre el “elogio de Sócrates”, 9-3-2011.

 

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