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Lógica sofística de palabras (M. Narcy)

En: M. Narcy, Le philosophe et son double. Un commentaire de l’Eythydème de Platon, París: J. Vrin, 1984, p. 76

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La silogística aristotélica

Copio por aquí los resúmenes que hice de la silogística para un seminario de la facultad. Las citas pertenecen a Analíticos Primeros

1.-El silogismo en general

I, 1, 24 b 18-23: Definición de silogismo

El silogismo es un decir en el que, puestas ciertas cosas, se sigue necesariamente, por ser estas, algo otro de las cosas establecidas. Y digo “por ser estas” a que ocurra por medio de ellas, y digo “ocurrir por medio de ellas” a que no se precise de término ajeno para que se dé necesariamente.

I, 1, 24 b 27-31: definición de “predicarse de todo” y de “predicarse de ninguno”

El que una cosa esté en el conjunto de otra y el que una cosa se predique acerca de toda otra es lo mismo. Decimos que se predica de toda otra cuando no es posible tomar nada acerca de lo cual no se diga esa cosa; y de modo semejante en el caso de [predicarse] acerca de ninguna.

2.-La primera figura

I, 4, 25 b 32-38:

Así pues, cuando tres términos se relacionen entre sí de tal manera que el último esté en el conjunto del medio y el medio esté en el conjunto del primero, habrá necesariamente un silogismo perfecto entre los extremos. Llamo “medio” a aquel que está en otro y otro está en él, y que también resulta ser medio por la posición; llamo “extremos” tanto al que está en otro como a aquel en que otro está.

I, 4, 26 a 22:

Llamo “extremo mayor” a aquel que está en el medio, y “extremo menor “al que está subordinado al medio.

Una determinación (A) se da en otra (B) que a su vez se da en una tercera (C).

Término medio: B.
Extremo mayor: A.
Extremo menor: C.

A se da en B            B es A
B se da en C       =   C es B
>A se da en C          >C es A

Modos válidos: BARBARA; CELARENT; DARII; FERIO

Resultado: si el extremo mayor se da o no se da universalmente en el término medio que se da universal o particularmente en el extremo menor, entonces es necesario que el extremo mayor se dé o no (según la cualidad de la premisa mayor) universal o particularmente (según la cantidad de la menor) en el extremo menor.

3.-La segunda figura

I, 5, 26 b 34-39:

Cuando lo mismo se da, por una parte, en cada uno y, por otra, en ninguno, llamo a ésta la segunda figura, y llamo en ella “medio” al predicado de ambas [premisas], y “extremos” a aquellos acerca de los cuales se dice éste, mayor al que se halla inmediato al medio, y menor al más alejado. El medio se coloca fuera de los extremos, en primera posición.

Una misma determinación (M) se da en dos distintas (N y O).

Término medio: M.
Extremo mayor: N.
Extremo menor: O.

M se da en N            N es M
M se da en O        =  O es M
>N se da en O          >O es N

Modos válidos: CESARE, CAMESTRES, FESTINO, BAROCO

Resultado: si el término medio se da o no se da universalmente en el extremo mayor y se da o no (de manera opuesta a la cualidad de la premisa mayor) universal o particularmente en el extremo menor, entonces es necesario que el extremo mayor no se dé universal o particularmente (según la cantidad de la premisa menor) en el extremo menor.

4.-La tercera figura

I, 6, 28 a 10-15:

Si, respecto a lo mismo, algo se da en ello en todos los casos y otra cosa en ninguno, o ambos en todos o en ningún caso, llamó a ésta la tercera figura, y llamo en ella “medio” a aquello acerca de lo cual se dicen ambos predicados, “extremos” a los predicados, “mayor” al más alejado del medio y “menor” al más próximo. El medio se coloca fuera de los extremos, en última posición.

Dos determinaciones distintas (P y R) se dan en la misma determinación (S).

Término medio: S.
Extremo mayor: P.
Extremo menor: R

P se da en S            S es P
R se da en S     =     S es R
>P se da en R          >R es P

Modos válidos: DARAPTI, FELAPTON, DATISI, DISAMIS, BOCARDO, FERISON

Resultado: si el extremo mayor se da o no se da, ya sea universal o particularmente, en el término medio en el cual el extremo menor se da universal o particularmente (con la condición indispensable de que una de las dos premisas sea universal), entonces es necesario que el extremo mayor se dé o no se dé (según la cualidad de la premisa mayor) particularmente en el extremo menor.

rusiñol calvario mallorquin

Anteriores post relacionados:
“El uso aristotélico de variables en lógica y sus supuestos ontológicos”, 14-3-2012
Deleuze y la lógica aristotélica, 14-5-2012.

 
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Publicado por en septiembre 19, 2014 en Aristotelica, Cosas de Grecia, Materiales

 

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Deleuze y la lógica aristotélica

«Lo que Deleuze quiere decir es que, en los textos de Aristóteles, la diferencia tiende a perder su carácter racional o relevante si se trasciende el dominio del género (el único dominio en el cual adquiere algún sentido el uso del término “esencia” o “substancia” [ousía]), bien sea cuando esto sucede porque se “asciende” hacia el problema de si los diversos géneros tienen en sí mismos, tomados en su grado de mayor generalización, algo en común, bien porque se “desciende” hacia el problema de si puede concebirse como racional la diferencia entre individuos de una misma species infima, o sea, aquella que ya no se divide en subespecies. El primer problema es el bien conocido de la homonimia del ser (o sea, de la heterogeneidad del significado del ser en cada una de las diferentes categorías), que anuncia una diferencia “demasiado grande” para el lógos y, por tanto, irrepresentable; el segundo es el de esas diferencias que subsisten como distinciones numéricas, materiales, sensibles o empíricas, pero que no alcanzan a inscribirse en el concepto y, por tanto, no llegan al nivel de lo racionalmente relevante por ser “demasiado pequeñas” para que el lógos las represente y se quedan en alteridad irracional. Pero, aunque admitamos como plausible esta interpretación de algunos textos de Aristotéles, hemos de introducir en ella un pequeño matiz al cual Deleuze no es en especial sensible.
»Y el matiz consiste en recordar, como virtualmente ya hemos hecho, que Aristóteles no opera en un “espacio del lógos” ya roturado en géneros y especies perfectamente diseñados y cuyos límites estén establecidos de antemano sino que, justamente, lo está trazando en la medida misma en que discurre. Esto significa entre otras cosas que, aunque esto suene algo extraño, la “lógica” de Aristóteles tiene algo de “experimental”: el lógos es aquí un proceso de búsqueda, una investigación en pos de aquello que la experiencia tiene de universal, es decir, de estable, finito y determinado. Si, como estamos sosteniendo, Aristóteles no opera en un espacio lógico ya pre-estructurado sino que justo llama lógos al poder de estructurarlo, ese poder debe consistir, antes de en dividir un género en especies mediante diferencias específicas, en distinguir los géneros mismos como aquello en cuyo seno, y solamente en cuyo seno, será posible establecer diferencias lógicas, finitas, estables, plenamente racionales. Así pues, resulta evidente que, para hacer ese descubrimiento, el lógos debe situarse en un terreno que, por definición, no puede estar lógicamente estructurado ni, por tanto, estar dotado de claridad lógica. Si nos imaginamos este proceso de descubrimiento como lo hacemos de manera habitual, es decir como un progreso generalizado a partir del individuo o de la especie, entonces está claro que, para llevar a cabo ese descubrimiento, el lógos tiene, por decirlo así, que dar un paso más allá de sí mismo hacia ese terreno inseguro en el cual ya no hay diferencias lógicas o estables, puesto que los géneros universales no son ya especies o subgéneros de otros géneros de mayor extensión, sino límites absolutos de la generalización. Ese paso, por tanto, no puede ser más que un traspiés, un auténtico resbalón o un paso en falso mediante el cual el lógos tropieza con lo irrelevante y tiene que detenerse. Los géneros universales, que han de funcionar como límites estabilizadores o contextos en los cuales, y sólo en los cuales, la diferencia se tornará racional o razonable, tienen que ser descubiertos ante todo como diferencias sin contexto donde lo que difiere lo hace sin razón ni comunidad. Y ese terreno en el cual el lógos resbala y se detiene no es un borde marginal que el discurso aristotélico se apreste a excluir o a condenar: es nada menos que el terreno que Aristóteles describe como el del “ser en cuanto ser”, o sea, el terreno de la ontología. Si el lógos se detuviera ante ese obstáculo, si pretendiera seguir generalizando (es decir, si concibiera las categorías como especies o subgéneros de un género aún más general –por ejemplo, el ser–), entonces el resbalón se convertiría en un salto al vacío, porque el discurso que sobrepasa ese límite ya sólo podría ser un discurso vacío».

J. L. Pardo, El cuerpo sin órganos, pp. 165-166.

Anteriores post relacionados:
Política y Metafísica en Grecia y el Helenismo, 19-07-2011.
“El uso aristotélico de variables en lógica y sus supuestos ontológicos”, 14-03-2012.

 
 

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