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La mediación de la escritura

«La moderna hermenéutica se plantea la interpretación del sentido de los textos. Hermenéutica es el arte de entender, y el objeto de ese entender es el discurso escrito. Frente al discurso oral que agota la temporalidad en su fluencia, en su sucesiva y efímera simultaneidad, el escrito pierde, en cierto sentido, el carácter de inmediatez, eso que la filosofía analítica ha denominado lo ilocucionario, para insertarse en un ambiguo sistema de perlocución. Sin embargo, la pérdida de esa inmediatez que el lenguaje oral posee y de la que, en principio, carece el lenguaje escrito, hace que éste gane en mediaciones, en ese impreciso ámbito de posibilidades en donde, precisamente, radica el problema de la interpretación. Esas mediaciones no constituyen sólo los múltiples aspectos que se entretejen en el texto, sino que, al no dirigirse, en principio, como el lenguaje hablado, a un único individuo, determinado en un espacio y un tiempo concreto, el carácter comunicativo de ese discurso genérico adquiere una nueva forma de comunidad. El discurso escrito está a disposición de todo lector y en todo tiempo; pero, por ello mismo, su alejamiento del mundo entorno (Umwelt) que lo produce permite que la carga de lo producido en él requiera incorporarse al Umwelt del lector».

E. Lledó, El silencio de la escritura, Espasa, pp. 49-50

Anteriores post relacionados:
La regla del texto (apuntes de Análisis del pensamiento post-metafísico, de José Luis Pardo, 19-10-2011), 24-10-2011.
La escritura y la historia, 19-03-2012.

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Publicado por en marzo 27, 2012 en Hermenéutica, Materiales

 

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Ironía platónica (Clay).

«Al leer a Platón, el desconcertante fenómeno de la ironía socrática crea problemas interpretativos. No podemos nunca estar seguros de que Platón hable en serio al aceptar la desestimación socrática de su propia sabiduría. Sócrates dice a Agatón, el brillante y victorioso trágico: «Mi sabiduría podría ser algo sin importancia y abierta a preguntas, como si fuera un sueño». El reto de alcanzar a Platón es más difícil que el de alcanzar al Sócrates de Platón. Si hay una ironía socrática en los diálogos platónicos, hay también una ironía platónica que está más allá de ella y que, cuando es examinada, empieza a parecer una máscara detrás de la máscara.
»La ironía platónica es doble. Si la ironía socrática brota de la apreciación de Sócrates de los límites del conocimiento humano y los límites de la filosofía misma, y si aparece como un fingido autodesprecio para aquellos que no comparten esta apreciación, la ironía platónica puede ser vista desde el punto de vista literario y desde el filosófico. Es literaria porque es la ironía dramática del poeta trágico, quien puede confiar en el conocimiento de su auditorio acerca de las rígidas e inmutables esquemas de su trama. Como hemos visto al contemplar la sombra de muerte que se proyecta sobre los diálogos platónicos [ver lo dicho en otra entrada sobre las prolepsis de la muerte de Sócrates en los diálogos], hay momentos en los que Sócrates y sus interlocutores no son plenamente conscientes de las implicaciones de sus palabras (ver I §4, «La sombra de muerte»). Los lectores de Platón son conscientes de la trama de la vida y muerte de Sócrates, no así el propio Sócrates. La pregunta de Sócrates a Glaucón en la República acerca del destino del prisionero que volviera a la caverna –«¿No lo condenarían a muerte?»– es el equivalente platónico a la promesa de Edipo, en el Edipo Rey de Sófocles, de que el descubrirá al asesino del rey Layo: «Lucharé por el hombre muerto como si fuera mi padre». Cuando dice estas palabras confiadas, Edipo no sabe que el hombre muerto era su padre o que él lo ha matado, y Sócrates no podía saber el perfil preciso de su propio destino en la caverna de Atenas. La diferencia entre la situación de Edipo y la de Sócrates es simplemente que la ignorancia de Edipo abarca al pasado, mientras que Sócrates es ignorante de su destino en la Atenas democrática.
»Siendo un resultado de la elección platónica de la forma de un diálogo dramático en el que él nunca aparece como un personaje y nunca habla él mismo, ya sea como actor o como autor, los problemas de interpretar una diálogo de Platón son en el fondo los problema de interpretar una tragedia de Sófocles o de Shakespeare. Platón habla a través de su diálogo como un todo, no a través de algún personaje individual. La elección de Platón de la forma de expresión filosófica que más se asemeja a la tragedia significa que no podemos ver a Sócrates como un «portavoz» de Platón –no más de lo que podemos tomar a al coro de una tragedia de Sófocles como portavoz de Sófocles. Tampoco (como argumentaré en III §8 «Magnesia») podemos ver en el Ateniense de las Leyes una máscara que tiene las características, apenas disimuladas, del propio Platón. Es sólo con Aristóteles y, después, con Cicerón que el autor de un diálogo se introduce a sí mismo como hablante en ese diálogo y que se arroga para sí una autoridad de la que Platón abjura».

Diskin Clay, Platonic questions. Dialogues with the Silent Philosopher, Pensilvania: The Pensilvania State UP, 2000, pp. 101-102 (II §3)

Anteriores post relacionados:
Autor (textual) y narrador, 8-03-2011.
Platón y Sócrates. El punto de vista del lector, 9-03-2011.
Prolepsis de la muerte de Sócrates, 21-03-2011.
Sócrates cómico, 24-03-2011.
Ironía retrospectiva (Halperin), 5-04-2011.

 

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Ironía retrospectiva (Halperin).

La forma composicional, elaborada y bizarramente compleja, del Banquete puede ser considerada en al menos dos maneras que no refieren directamente a las doctrinas filosóficas enunciadas en el diálogo. Primero, la elección platónica del marco histórico y su colocación de las distintas conversaciones separadas temporalmente unas de otras crea una ironía retrospectiva: al conceder al lector más conocimiento de lo que la vida les tiene reservado a los interlocutores que el que cualquiera de ellos posee en cualquier momento, Platón imparte a sus palabras un significado del que ellos mismos no son conscientes.

David M. Halperin, «Plato and the erotics of narrativity» (en: N. D. Smith (ed.), Plato. Critical assessments, vol. III, New York-London: Routledge, 1998), p. 246. Sub. mío.

PD:

Y además hay una ironía platónica que, en la visión reveladora retrospectiva del poeta trágico, nos hace darnos cuenta de que, incluso en su versión más lúcida, el Sócrates platónico no podría apreciar completamente el sentido de sus propias palabras y de que la pretensión socrática de ignorancia está en algún sentido justificada. Sócrates no acababa de entender a Sócrates.

Diskin Clay, Platonic questions. Dialogues with the Silent Philosopher, Pensilvania: The Pensilvania State UP, 2000, p. 76. Sub. mío.

Anteriores post relacionados:
Autor (textual) y narrador, 8-03-2011.
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Sócrates cómico, 24-03-2011.

 

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