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La experiencia moderna del mundo y el surgimiento de la física matemática.

«Al final de la Edad Media, la crisis de la escolástica, que presenta un cuadro tan abigarrado y confuso, ofrece a los ojos de los hombres que han vuelto a habitar las ciudades un mundo completamente nuevo y nunca visto, liberado del tejido del lógos que recubría el ser: todo aquello que la metafísica había declarado indiferente, inesencial y no-inteligible, dominio impertinente de la experiencia, se muestra ahora en su exuberancia como lo auténticamente real; lo accidental-sensible, que había quedado “reprimido” y expulsado del campo visual bajo el límite inferior, sale despedido de la caja de Pandora de la metafísica y llena el mundo.
»De esta forma comprendemos algunos datos históricos significativos: por ejemplo, la noción de sustancia que circula entre los fundadores del empirismo británico: según Locke, un no-sé-qué irracional (incognoscible); para Berkeley, al menos como materia, una nada inexistente, un fantasma intelectual; según Hume, un término sin correlato empírico y, por tanto, carente por completo de significado. La sustancia ha dejado de reinar en el orden de los conceptos. Comprendemos también por qué Descartes se negará a proceder “aristotélicamente” (arborescentemente) para definir la esencia del hombre: teme caer en ese mar ilimitado de accidentes en el que la razón se ahoga. Lo aristotélico cae en desprestigio, pues ahora se siente a Aristóteles –y a su imaginación desbordada– como causa remota del desorden en que se ha sumido el mundo y de las dificultades que obstruyen el conocimiento. Lo real, liberado del mapa inteligible, a cuyo trazado ya no responde, parece ofrecerse en cambio a una experiencia que se esfuerza en vano por ordenarlo. La ciencia moderna hará el primer intento por instaurar un nuevo orden, armada de una cartografía que ya no obedece a las reglas lógico-gramaticales de las categorías del pensar griego clásico, sino a las leyes matemático-geométricas que son el nuevo código en el que la naturaleza está cifrada».

J. L. Pardo, La Metafísica. Preguntas sin respuesta y problemas sin solución, p. 86-87.

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La prejuiciosa autosuficiencia de la Ilustración, 02-03-2011.
Griegos y modernos, 15-04-2011.
Política y metafísica en Grecia y el Helenismo, 19-07-2011.

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Publicado por en julio 22, 2011 en Aristotelica, Materiales, Modernidades

 

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Experiencia, finitud e historicidad: Páthei máthos.

«La verdad de la experiencia contiene siempre la referencia a nuevas experiencias. En este sentido la persona a la que llamamos experimentada no es sólo alguien que se ha hecho el que es a través de experiencias, sino también alguien que está abierto a nuevas experiencias. La consumación de su experiencia, el ser consumado de aquél a quien llamamos experimentado, no consiste en ser alguien que ya lo sabe todo, y que de todo sabe más que nadie. Por el contrario, el hombre experimentado es siempre el más rádicalmente no dogmático, que precisamente porque ha hecho tantas experiencias y ha aprendido de tanta experiencia está particularmente capacitado para volver a hacer experiencias y aprender de ellas. La dialéctica de la experiencia tiene su propia consumación no en un saber concluyente, sino en esa apertura a la experiencia que es puesta en funcionamiento por la experiencia misma.
»Pero con esto, el concepto de la experiencia de que se trata ahora adquiere un momento cualitativamente nuevo. No se refiere sólo a la experiencia en el sentido de lo que ésta enseña sobre tal o cual cosa. Se refiere a la experiencia en su conjunto. Esta es la experiencia que constantemente tiene que ser adquirida y que a nadie le puede ser ahorrada. La experiencia es aquí algo que forma parte de la esencia histórica del hombre. Aún tratándose del objetivo limitado de una preocupación educadora como la de los padres por los hijos, la de ahorrar a los demás determinadas experiencias; lo que la experiencia es en su conjunto, es algo que no puede ser ahorrado a nadie. En este sentido la experiencia presupone necesariamente que se defrauden muchas expectativas, pues sólo se adquiere a través de decepciones. Entender que la experiencia es, sobre todo, dolorosa y desagradable no es tampoco una manera de cargar las tintas, sino que se justifican bastante inmediatamente si se atiende a su esencia. Ya Bacon era consciente de que sólo a través de instancias negativas se accede a una nueva experiencia. Toda experiencia que merezca este nombre se ha cruzado en el camino de alguna expectativa. El ser histórico del hombre contiene así como momento esencial una negatividad fundamental que aparece en esta referencia esencial de experiencia y buen juicio.
»Este buen juicio es algo más que conocimiento de este o aquel estado de cosas. Contiene siempre un retornar desde la posición que uno había adoptado por ceguera. En este sentido implica siempre un momento de autoconocimiento y representa un aspecto necesario de lo que llamábamos experiencia en sentido auténtico. También el buen juicio sobre algo es algo a lo que se accede. También esto es al final una determinación del propio ser humano: ser perspicaz y apreciador certero.
»Si quisiéramos aducir también algún testimonio para este tercer momento de la esencia de la experiencia, el más indicado sería seguramente Esquilo, que encontró la fórmula, o mejor dicho la reconoció en su significado metafísico, con la que expresar la historicidad interna de la experiencia: aprender del padecer (páthei máthos). Esta fórmula no sólo significa que nos hacemos sabios a través del daño y que sólo en el engaño y en la decepción llegamos a conocer más adecuadamente las cosas; bajo esta interpretación la fórmula sería algo más. Se refiere a la razón por la que esto es así. Lo que el hombre aprenderá por el dolor no es ésto o aquello, sino la percepción de los límites del ser hombre, la comprensión de que las barreras que nos separan de lo divino no se pueden superar. En último extremo es un conocimiento religioso, aquél que se sitúa en el oriden de la tragedia antigua.
»La experiencia es, pues, experiencia de la finitud humana. Es experimentado en el auténtico sentido de la palabra aquél que es consciente de esta limitación, aquél que sabe que no es señor ni del tiempo ni del futuro; pues el hombre experimentado conoce los límites de toda previsión y la inseguridad de todo plan. En él llega a su plenitud el valor de verdad de la experiencia. Si en cada fase del proceso de la experiencia lo característico es que el que experimenta adquiere una nueva apertura para nuevas experiencias, esto valdrá tanto más para la idea de una experiencia consumada. En ella la experiencia no tiene su fin, ni se ha accedido a la forma suprema del saber (Hegel), sino que en ella es donde en verdad la experiencia está presente por entero y en el sentido más auténtico. En ella accede al límite absoluto todo dogmatismo nacido de la dominante posesión por el deseo de que es víctima del ánimo humano. La experiencia enseña a reconocer lo que es real. Conocer lo que es, es pues el auténtico resultado de toda experiencia y de todo querer saber en general. Pero lo que es no es en este caso esto o aquello, sino “lo que ya no puede ser revocado” (Ranke).
»La verdadera experiencia es aquella en la que el hombre se hace consciente de su finitud. En ella encuentran su límite el poder hacer y la autoconciencia de una razón planificadora. Es entonces cuando se desvela como pura ficción la idea de que se puede dar marcha atrás a todo, de que siempre hay tiempo para todo y de que de un modo u otro todo acaba retornando. El que está y actúa en la historia hace constantemente la experiencia de que nada retorna. Reconocer lo que es no quiere decir aquí conocer lo que hay en un momento, sino percibir los límites dentro de los cuales hay todavía posibilidad de futuro para las expectativas y los planes; o más fundamentalmente, que toda expectativa y toda planificación de los seres finitos es a su vez finita y limitada. La verdadera experiencia es así experiencia de la propia historicidad».
H.-G. Gadamer, Verdad y Método, ed. Sígueme, pp. 431-434.

 
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Publicado por en marzo 28, 2011 en Hermenéutica, Materiales

 

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