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Solón en la “Historia”

09 May

En suma, es evidente que el propio Heródoto está de acuerdo con cada uno de los tres puntos principales que Solón toca en su discurso a Creso, a saber, que los dioses son celosos, que la felicidad humana es por ello inestable y que, dado que la vida es tan inestable, es necesario ver el fin de la vida de una persona, e. e., ver si esa persona ha muerto “bien” o “mal”, antes de juzgar si esa persona fue verdaderamente feliz. Heródoto deja clara su conformidad tanto explícita (e. g., 1.33 y 4.205) como implícitamente, por medio de la analogía, la repetición y la yuxtaposición. Más aún, la posición prominente del discurso de Solón al comienzo de sus Historias indica que Heródoto entendía el discurso como programático, estableciendo supuestos básicos sobre la naturaleza de la vida humana y su relación con los dioses que podrían proporcionar un marco filosófico para las Historias en su conjunto.
El hecho de que el discurso de Solón sea programático tiene implicaciones de largo alcance para la interpretación de la obra, particularmente en lo que respecta a aquellos temas que conciernen al auge y a la caída de los imperios. Por dar sólo un ejemplo, el discurso de Solón suministra los fundamentos teóricos para el célebre motivo del “sabio consejero” (en el cual un hombre o una mujer sabios dan consejo a una persona a punto de tomar una decisión importante). Hay muchos pasajes en los que un sabio consejero insta a un rey a abstenerse de atacar una particular nación (o a abandonar una ofensiva ya empezada) porque el daño es demasiado grande. Dado que el riesgo no merece la potencial ganancia, el rey es instado a limitar la nueva conquista en orden a proteger el imperio que ya tiene. El discurso de Solón suministra la razón de este consejo. Un rey sabio limitará su imperio porque hay fuerzas en el universo que actúan para restringir (o destruir) las hazañas sobresalientes de los hombres. Los grandes imperios son objetivos atractivos para los celos divinos y los dioses puede fácilmente revertir la buena fortuna de un hombre, no importa la estabilidad que él se imagine tener. Este es el modo como el mundo funciona, en la perspectiva de Heródoto. Los pocos que son capaces de aceptar tal consejo evitan las posibles malas consecuencias de sus expediciones planeadas (e. g., Creso en 1.27, Cleómenes en 5.50), mientras que los que lo rechazan nunca logran alcanzar sus objetivos (e. g., Creso en 1.71, Cambises en 3.21-25, Darío en 4.83). Puesto que es parte de una más amplia visión del mundo, tal consejo funciona para el lector (o la audiencia) como una forma de evaluar la inteligencia y el juicio de la persona que está siendo aconsejada. Los principios del discurso de Solón ayudan a explicar la “sabiduria” que se halla tras el consejo del sabio consejero.

Susan O. Shapiro, “Herodotus and Solon”, Classical Antiquity, 15:2 (1996), p. 362. (Traducción mía)

Kahlo Frida y Diego Rivera

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Heródoto y la invención de la prosa, 3-6-2011.
Prosa y democracia griega, 22-9-2011.
Herodoto como narrador (Benjamin), 21-12-2011.

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