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Líneas generales de evaluación de artículos académicos

31 Ene

Como ya he dicho en un post anterior, recientemente he estado dedicado a la edición y publicación del número 24 de la revista Cuaderno de Materiales; esta labor, junto con la de evaluación y corrección, me ha dado bastante que pensar en lo tocante a la publicación de textos académicos, así como sobre su evaluación. Mi propia experiencia como “evaluado” también me ha hecho reflexionar sobre este campo. En esta línea quiero inaugurar una serie de entradas que guarden relación con todo este mundillo de la publicación en revistas académicas de filosofía. Obviamente no me limitaré a eso, y seguramente acabe tocando puntos concernientes al contenido, pero espero no desviarme demasiado del propósito inicial.
Para el primer post quiero exponer las líneas generales de evaluación que hemos intentado hacer cumplir en la revista Cuaderno de Materiales. Me gustaría con ello abrir aquí un posible debate que, más allá de su innegable interés teórico, sirva para enmendar las posibles injusticias que haya en nuestro planteamiento o para confirmarnos en las intenciones generales de nuestra labor editora. Antes de nada, quiero señalar que este texto, aunque es fruto de las reflexiones conjuntas de ambos, está escrito por mí, y no por Guillermo García Ureña, el co-director de la revista. Espero, de hecho, que él se una al debate y que señale aquellos aspectos que estén mal expresados en el texto desde el entendimiento común que tenemos sobre estos asuntos.
Lo que hemos intentado transmitir a nuestro consejo de redacción los directores de la revista es que la evaluación nunca debe estar condicionada por preferencias doctrinales y debe ceñirse al enjuiciamiento de la argumentación, de la corrección académica y del interés del tratamiento. Es verdad que éste es un tema a discutir e incluso a poner en cuestión, quiero decir, hasta qué punto es separable, en filosofía, una argumentación de los contenidos expresados, el tratamiento de lo que se defiende en él, el espacio bibliográfico que se recorre de lo que se expone en el artículo. Bien, esto es, ciertamente, discutible, pero lo que no es discutible, a mi modo de ver, es que no se puede juzgar un artículo como no publicable porque no defienda las tesis que acepte el editor, o porque no comparta los mismos presupuestos filosóficos, etc. Corrección, pues, en sus múltiples aspectos: académica, lógico-argumentativa y, por supuesto, lexico-gramatical. Considero que este enfoque proporciona un criterio mucho más “objetivo” (si tiene sentido usar esta expresión aquí) que aquel que tiende a centrarse en el contenido del artículo. Entiendo que algunas revistas pongan el acento en el desarrollo y la expresión de determinadas doctrinas de “escuela”, pero creo que una como la que estamos dirigiendo, dedicada un poco a las primeras publicaciones de investigadores, no debe adherirse a un determinado núcleo doctrinal. Por lo demás, no tengo especial ilusión, en estos momentos, en dirigir una revista que siguiese una determinada línea escolar o, si se prefiere, escolástica.
Mención aparte supone la referencia al interés que pueda tener el artículo. Este aspecto, ciertamente más “subjetivo” (valgan las salvedades anteriores) que los otros, y pese a quedar supeditado a los anteriores, ha de tener su peso también en la evaluación de los contenidos expuestos. La originalidad del tratamiento, la pluralidad de temas y la profundidad con la que se los abarca, las tesis que se exponen, son factores que influyen a la hora de decidir sobre el interés de un artículo, pero no sólo, también caben en este apartado cosas como la capacidad de sintetización de argumentos, la presentación de núcleos problemáticos, la exposición de una determinada situación en un campo de investigación. Hay artículos que resumen un estado de la cuestión que son mucho más útiles que otros que sean mucho más originales, y esta utilidad hay que valorarla, más allá del alcance o de la originalidad de las tesis que se defiendan. Es claro que si hablamos de “interés” nuestra atención suele fijarse en la “novedad”, pero hay que tratar de ver más allá de nuestra avidez de novedades, que decía el otro. En cualquier caso, es este un punto problemático de estas líneas generales, que no parece que pueda aspirar a nada más que a entrelazar con los “juicios de contenido” las facetas de “interés” paralalelas que he señalado.

Kahlo The Chick

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Publicado por en enero 31, 2013 en Edición y corrección, Proyectos

 

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