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La transmisión de la filosofía en el Helenismo y más allá.

12 Mar

Unos extractos de los Prolegómenos de Luis-Andrés Bredlow a su edición de las Vidas y opiniones de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio (Zamora: Lucina, 2010), que tienen que ver con la metodología helenista de transmisión y custodia de los saberes filosóficos. Esa metodología, por supuesto, introduce determinados supuestos y esquemas de entendimiento de la historia de la filosofía que no difieren, sustancialmente, por ejemplo, de los que podemos encontrar en el manual de Kirk y Raven. Esa impronta helenística, que estructura la historia de la filosofía en torno a una serie de nombres, desechando otros, responde más a ls propia estructura del saber en el helenismo (escuelas de trasmisión, sucesión de maestros y alumnos) que a la configuración que puede rastrearse en la Grecia Antigua. Es verdad que determinados nombres son ya suministrados en los textos platónicos y aristotélicos, pero también es cierto que en muchos de esos textos se habla de otros autores (me viene a la mente Homero, por ejemplo) a los que no se menciona en estas ristras de filósofos; eso por no hablar de objeciones más generales en cuanto a la consideración de qué es un filósofo y qué no. Frente a esta estructuración general de la historia y sucesión de los filósofos, la artificialidad de tasar el “acmé” o plenitud intelctual a los cuarenta años y cosas semejantes se presenta como anecdótica.

***

Un par de fragmentos de esos prolegómenos:

«La obra de Diógenes Laercio es la única exposición sistemática de historia de la filosofía que del mundo antiguo ha llegado (casi) íntegra hasta nosotros (…)
»Y no es que en su tiempo –el siglo tercero de nuestra era, aproximadamente– tal intento tuviese nada de singular ni de novedoso: más bien se nos presentan las Vidas como una suerte de monumental resumen o culminación de un variado y numeroso género, del que muy poca cosa, sin embargo, se ha salvado a través de los tiempos: en muchos casos, apenas más que los ecos que las propias páginas del Laercio encierran». (p. 13)

«Una suerte de conjunción o síntesis de ambos géneros –la doxografía y la biografía– venían a ser los tratados de Diadochaí o Sucesiones, en los que las vidas de filósofos, enristradas en largas secuencias de maestros y discípulos sucesivos, a la manera de las crónicas de dinastías reales, acababan formando un como árbol genealógico de las diversas escuelas esquemáticamente enlazadas entre sí por relaciones –a veces un tanto forzadas– de filiación espiritual». (p. 16)

Piénsese en relación a este último texto en el siguiente pasaje de un conocidísimo libro del Helenismo:

1:1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 1:2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. 1:3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. 1:4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. 1:5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isa. 1:6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. 1:7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. 1:8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 1:9 Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. 1:10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 1:11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. 1:12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. 1:13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 1:14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. 1:15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 1:16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. 1:17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.
(San Mateo, 1, 1-17)

Las filiaciones parecen ser bastante caras a los escritores helenistas, hasta el punto que esta última cuenta a Jesús de Nazaret como parte de la genealogía de José, dato que señala hasta qué punto las la paternidad de Jesús es una cuestión más de concilios que de referencias textuales. En cualquier caso, parece haber una suerte de necesidad “epocal” de establecer estas genealogías y filiaciones, muchas de las cuales, si artificiales o no, no voy a entrar en ello, todavía han llegado hasta nosotros. Ahora bien, lo que para el helenista era un síntoma de vigor y fuerza, digamos, de una doctrina, es decir, el imperar en el tiempo, el perdurar entre medias de la inestabilidad de este mundo, es para nosotros un mero dato histórico, que debe ser recogido con aséptico y neutral interés.

Anteriores post relacionados:
Helenismo y enseñanza, 31-01-2012.

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Publicado por en marzo 12, 2012 en Helenismo y Edad Media, Materiales

 

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