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Textos de la ponencia del Fedro

05 Mar

Mañana expongo mi ponencia “El Fedro, un diálogo en la naturaleza”, en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía de la UCM, a eso de las once o así, quizá antes. Sí, esto ya lo dije en una entrada reciente. La novedad es que os pongo aquí los textos que analizaré durante la ponencia, si me da tiempo, claro. Son tres textos y ninguno de ellos pertenece al que podría considerarse “cuerpo” del diálogo; siguiendo la metáfora, serían las articulaciones del mismo.
Si sois buenos, un día de estos os cuelgo la ponencia entera.

TEXTOS FEDRO (traducción Emilio Lledó):

TEXTO 1 (230c-e)

FEDRO.-¡Asombroso, Sócrates! Me pareces un hombre rarísimo (atopótatos), pues tal como hablas, semejas efectivamente a un forastero que se deja llevar, y no a uno de aquí. Creo yo que, por lo que se ve, raras veces vas más allá de los límites de la ciudad; ni siquiera traspasas sus murallas.
SÓCRATES.-No me lo tomes a mal, buen amigo. Me gusta aprender (philomathés gàr eími). Y el caso es que los campos y los árboles no quieren enseñarme nada; pero sí, en cambio, los hombres de la ciudad. Por cierto, que tú sí pareces haber encontrado un señuelo (phármakon) para que salga. Porque, así como se hace andar a un animal hambriento poniéndole delante un poco de hierba o grano, también podrías llevarme, al parecer por toda Ática o por donde tú quisieras, con tal que me encandiles con esos discursos escritos. Así que, como hemos llegado al lugar apropiado, yo, por mi parte, me voy a tumbar. Tú que eres el que vas a leer, escoge la postura que mejor te cuadre y, anda, lee.
FEDRO.-Escucha, pues. (…)

TEXTO 2 (258e-259d)

SÓCRATES.-Bien, creo que tenemos tiempo. Y me parece además, como si, con este calor sofocante, las cigarras que cantan sobre nuestras cabezas, dialogasen (dialegómenos) ellas mismas y nos estuvieran mirando. Porque es que si nos vieran a nosotros que, como la mayoría de la gente, no dialoga (dialegoménous) a mediodía, sino que damos cabezadas y que somos seducidos por ellas, debido a la pereza de nuestro pensamiento (dianoían), se reirían a nuestra costa, tomándonos por esclavos que, como ovejas, habían llegado a este rincón, cabe la fuente, a echarse una siesta. Pero si acaso nos ven dialogando (dialegoménous) y sorteándolas como a sirenas, sin prestar oídos a sus encantos, el don que han recibido de los dioses para dárselo a los hombres, tal vez nos lo otorgasen complacidas.
FEDRO.-¿Y cuál es ese don que han recibido? Porque me parece que no he oído mencionarlo nunca.
SÓCRATES.-Pues en verdad no es propio de un varón amigo de las Musas (philómouson), el no haber oído hablar de ello. Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de esos que existieron antes de las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo hasta tal punto que se pusieron a cantar sin acordarse de comer ni beber, y en ese olvido se murieron. De ellos se originó, después, la raza de las cigarras, que recibieron de las Musas ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen y, sin comer ni beber, no dejar de cantar hasta que mueren, y, después de esto, el de ir a las Musas a anunciarles quién de los de aquí abajo honra a cada una de ellas. En efecto, a Terpsícore le cuentan quién de ellos la honran en las danzas, y hacen así que los mire con más buenos ojos; a Érato le dicen quiénes la honran en el amor, y de semejante manera a todas las otras, según la especie (eîdos) de honor propio de cada una. Pero es a la mayor, Caliope, y a la que va detrás de ella, Urania, a quienes anuncian los que pasan la vida en la filosofía (en philosophíai) y honran su música. Precisamente éstas, por ser entre las Musas las que tienen que ver con el cielo y con los discursos divinos y humanos, son también las que dejan oír la voz más bella. De mucho hay, pues, que hablar, en lugar de sestear, al mediodía.
FEDRO.-Pues hablemos, pues.

TEXTO 3 (279b-c)

FEDRO.-Así será. Pero vámonos yendo, ya que el calor se ha mitigado.
SÓCRATES.-¿Y no es propio que los que se van a poner en camino hagan una plegaria?
FEDRO.-¿Por qué no?
SÓCRATES.-Oh querido Pan, y todos los otros dioses que aquí habitéis, concededme que llegue a ser bello por dentro, y todo lo que tengo por fuera se enlace en amistad (philía) con lo de dentro; que considere rico al sabio; que todo el dinero que tenga sólo sea el que puede llevar y transportar consigo un hombre sensato (sóphron), y no otro. ¿Necesitamos de alguna otra cosa, Fedro? A mí me basta con lo que he pedido.
FEDRO.-Pide todo esto también para mí, ya que son comunes las cosas de los amigos.
SÓCRATES.-Vayámonos.

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