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Fenomenología y hermenéutica

21 Feb

O, si se quiere, la relación de Ser y Tiempo con la Iliada.

«Tratando de atender a los problemas que nos causa la confrontación con el léxico que Homero utiliza para describir la vida humana hemos visto que lo griego constituye un ámbito para nosotros distante y extraño; por otro lado, en ocasiones ha parecido que ciertos análisis fenomenológicos nuestros iluminaban el sentido de determinadas nociones para las cuales no encontrábamos equivalente entre nuestras categorías. Tal vez tengamos que aclarar un poco esta aparente divergencia.
»En la medida en que «ser» implica tener determinaciones también para nosotros significa finitud; no obstante, y esto es lo que hace que nuestro análisis fenomenológico sea exclusivamente moderno, esta constatación la hacemos sabiendo que lo nuestro propio, lo que nosotros damos por supuesto, es la representación obvia de la infinitud, la cual, si bien en sí misma es secundaria y derivada, en la estructura de la modernidad cumple el papel del horizonte de sentido dado por supuesto. En este sentido los griegos nos son extraños. Por otro lado, el trabajo crítico con nuestras categorías parecía acercarnos al fenómeno griego, de modo que al formular la evidencia fenomenológica de que la muerte es condición para hablar de un «ser-entero» estamos haciendo a la vez (y en contra del que es nuestro ineludible fondo de sentido) exégesis de qué es primariamente (es decir, sin necesidad de tematización explícita) el fenómeno «muerte» para un griego; o también el que nosotros tengamos que constatar que la existencia es apertura y exposición, mientras el decir griego no lo hace porque desde el principio es enteramente consecuente con ello. Que al intentar poner entre paréntesis nuestro previo horizonte de sentido y, con él, nuestros conceptos obvios, nos encontremos tratando de oír el significado de algunas palabras griegas más allá de lo que la tradición ha hecho con ellas nos recuerda otra vez que la fenomenología es hermenéutica, que al tratar de distanciarnos de nosotros mismos damos con algo no accidentalmente «otro» cuya comprensión reclama eso a lo que nosotros sólo llegamos examinando críticamente el carácter de nuestros supuestos. En otras palabras: eso que en Grecia es la actitud obvia, atemática, natural, el suelo en el que se pisa, es algo que sólo podemos comprender a través de un costoso trabajo de poner entre paréntesis nuestros propios supuestos. Esto sugiere que la manera más adecuada para acercarnos al texto homérico no es el engañoso intento de prescindir sin más de nuestras categorías, ni tampoco eludir la vaguedad e inadecuación de las palabras que afecta a toda crítica de los textos esenciales –pues, al fin y al cabo, no tenemos otras palabras– sino el problematizar ambas cosas en un trabajo con el texto que haga relevante el horizonte en el cual todo eso para nosotros extraño tenía sentido».

Aida Míguez Barciela, Problemas hermenéuticos en la lectura de la Iliada, pp. 28-29.

Anteriores post relacionados:
Griegos y modernos, 15-04-2011.
Trascendentalidad, epagogé, hermenéutica, 18-05-2011.
El Fedón y la totalidad finita, 13-07-2011.
De griegos, Grecia y distancias, 02-02-2012.

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Publicado por en febrero 21, 2012 en Cosas de Grecia, Hermenéutica, Materiales

 

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