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La “locura” como acceso a la raíz común

14 Dic

«[E]n su citado escrito sobre Masoch, [Deleuze] recurre a un ensayo de Lacan (Kant con Sade) para ofrecer esta versión fantaseada del “formalismo” kantiano: la prohibición de Kant con respecto al conocimiento de la cosa en sí no se expresa solamente en el terreno del conocimiento (la necesidad de atenerse únicamente a los “fenómenos”) sino también en el de la moral: la ley es una pura forma cuyo contenido es inaccesible (no puede haber conocimiento empírico ni especulativo de su fundamento, la libertad, porque ello significaría acceder al territorio inaccesible de lo nouménico, del “mundo inteligible” o de la intuición intelectual), pero –ésta es la perversa hipótesis que Lacan sugiere de la mano de Sade– no simplemente “por definición”; como dice Kant, la ley moral, en cuanto presencia viva en el corazón de los hombres, es una fuerza desconocida capaz de reprimir los deseos, apetitos e inclinaciones más profundos, capaz de forzar su obediencia solamente por respeto a su forma (Tú debes); por tanto, la represión del deseo y la ley no son más que una sola y la misma cosa; en consecuencia, lo que se encuentra detrás de la ley como aquello a lo cual ella prohíbe el acceso (la libertad incognoscible o el contenido concreto de las máximas que la realizarían en el mundo) es el objeto mismo del deseo reprimido, el objeto declarado imposible, fantástico o irreal por la razón crítica y finita, es decir, el deseo mismo que la ley ha venido a reprimir y contener y que es, por tanto, su contenido inescrutable, la abandonada y bandida cosa-en-sí. Y, como también el mismo Kant había previsto a propósito del delirante Swedenborg, el único precio al cual se puede comprar el conocimiento de lo incognoscible o el acceso a lo inescrutable es el abandono del mundo “real” de los fenómenos en la proporción misma en que se obtenga entrada al mundo “hiper-real” de los noúmenos, la “intuición intelectual” sólo puede pagarse con la moneda de la locura. Esto no significa, por cierto, que el pensador se vuelva loco, significa que el pensamiento enloquezca, que la locura se convierta también en una capacidad o en una experiencia legítima del pensamiento, indispensable para que éste acceda a sus raíces, a aquello que le hace pensar y deje de ser un simple accidente empírico (…) He aquí, por tanto, cómo (…) estaba inscrito en el pensamiento de Deleuze que la bajada a las cavernas de la imaginación creadora que pasan inadvertidas a la conciencia y que permanecen para ella en secreto no podía ser más que un descenso a los infiernos de la locura, y que lo que había de hallarse en esas cavernas fantaseadas pobladas de simulacros tenía que ser precisamente el deseo, el deseo situado más allá de la ley».

José Luis Pardo, El cuerpo sin órganos, p. 113-114 (nota).

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Ilimitación, diferencia y finitud, 31-07-2011.
Los dioses y el discernimiento primero, 15-08-2011.

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2 comentarios

Publicado por en diciembre 14, 2011 en Materiales, Modernidades

 

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2 Respuestas a “La “locura” como acceso a la raíz común

  1. Iván

    diciembre 16, 2011 at 12:11 pm

    ¡Qué cosas!

     
  2. The Translator

    abril 2, 2012 at 9:29 pm

     

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