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El capitalismo y Hannah Arendt

03 Sep

«Falta de memoria y, con ella, falta de comprensión se han puesto siempre de manifiesto en las raras ocasiones en que el diálogo hostil con la Rusia soviética tocó cuestiones de principios. Cuando se nos decía que la libertad era para nosotros la libre empresa, fue muy poco lo que hicimos para destruir tan enorme falsedad, y muy a menudo nos hemos conducido como si también nosotros creyésemos que lo que estaba en juego en el conflicto postbélico que enfrentaba a países “revolucionarios” del Este y de Occidente era la riqueza y la abundancia. Hemos afirmado que en los Estados Unidos la riqueza y el bienestar económico son los frutos de la libertad, pese a que debiéramos haber sido los primeros en saber que este tipo de “felicidad” constituía la bendición de América con anterioridad a la Revolución y que su razón de ser era la abundancia natural bajo “un gobierno moderado” y no la libertad política ni la “iniciativa privada”, libre y sin freno, del capitalismo, el cual ha conducido en todos los países donde no existían riquezas naturales a la infelicidad y a la pobreza de las masas. En otras palabras, la libre empresa sólo ha sido una bendición para Estados Unidos y aún así no es la bendición mayor de la que gozamos si se compara con las libertades verdaderamente políticas, tales como la libertad de palabra y de pensamiento, la libertad de reunión y asociación. No es imposible que, a la larga, el desarrollo económico nos traiga más calamidades que bienestar; lo que sí es seguro es que en ningún caso puede conducirnos a la libertad ni constituir una prueba de su existencia. Puede que en muchos aspectos resulte de gran interés una competencia entre América y Rusia en lo que se refiere a cifras de producción y nivel de vida, viajes a la luna y descubrimientos científicos, y nada se opone a que los resultados de dicha competencia sean interpretados como prueba del vigor y recursos de las dos naciones y del valor de sus diferentes normas y sistemas sociales. Pero, cualesquiera que sean sus resultados, nunca podrán decidir el problema de la mejor forma de gobierno, el problema de si es mejor una tiranía o una república libre. A causa de ello, y por lo que atañe a la Revolución americana, la respuesta al reto comunista para igualar y sobrepasar a los países occidentales en la producción de bienes de consumo y en desarrollo económico debiera haber constituido motivo de regocijo a causa de las nuevas perspectivas de bienestar material que se abren al pueblo de la Unión Soviética y de sus satélites, por haber servido al menos para poner de manifiesto que la conquista de la pobreza a escala mundial puede representar perfectamente un punto de interés común y por recordar a nuestros oponentes que no tiene por qué surgir ningún conflicto serio de la disparidad entre dos sistemas económicos, sino únicamente del conflicto entre libertad y tiranía, entre las instituciones de la libertad, nacidas de la victoria de una revolución, y las diversas formas de dominación (desde la dictadura de partido de Lenin al totalitarismo de Stalin y a los ensayos realizados por Kruschev en la dirección de un despotismo ilustrado) que se produjeron en el ocaso de una derrota revolucionaria».

H. Arendt, Sobre la revolución, p. 298-300.

A mi modo de ver, Arendt parece aquí rondar las nubes, cuando dice aquello de que “no surgen conflictos serios entre dos sistemas económicos”. Precisamente, la construcción teórica de Marx, que trata de explicitar el “sistema económico” capitalista, muestra que ese supuesto sistema económico se extiende más allá de su esfera hasta fagocitarlo todo, incluida la esfera política. Lo que chirría del texto de Arendt es que abstrae las condiciones específicas del sistema capitalista, enmarcándolo en la categoría abstracta de “sistema económico” que, como tal, se contrapone a otros “sistemas económicos”, pero no a la forma política, religiosa, etc. Quiero decir que Arendt parece partir de un esquema abstracto, algo así como “la política es distinta (o domina) la economía”, de modo que cuando algo es indicado como sistema económico es inmediatamente subsumido a esa categorización y situado en esa jerarquización de relaciones y esferas. Pero la cuestión, me parece, es que el dichoso capitalismo no es un mero sistema económico.

Anteriores post relacionados:
República y asamblearismo, I, 18-08-2011.
Aporías de la representación política, 21-08-2011.

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Publicado por en septiembre 3, 2011 en Materiales, Modernidades

 

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