RSS

El discurso de Aristófanes, según Foucault.

05 Abr

Puede creerse que el discurso de Aristófanes en el Banquete es la excepción: al explicar la partición de los seres primitivos por la cólera de los dioses y su separación en dos mitades (machos y hembras, o ambas del mismo sexo, según que el individuo originario fuera andrógino o por entero masculino o femenino), parece ir más allá de los problemas del arte de cortejar. Plantea la cuestión de lo que es el amor en su principio y puede pasar por ser un abordaje ridículo –irónicamente colocado en boca de Aristófanes, viejo adversario de Sócrates– de las propias tesis de Platón. ¿No vemos ahí a los enamorados buscar su mitad perdida, al igual que las almas de Platón conservan el recuerdo y la nostalgia de lo que fue su patria? No obstante, para limitarnos a los elementos del discurso que conciernen al amor masculino, está claro que también Aristófanes tiende a contestar a la pregunta del consentimiento. Y lo que da la singularidad un poco escandalosa a su discurso y su ironía es que su respuesta es totalmente positiva. Más aún, con su relato mítico atropella al principio tan generalmente admitido de una disimetría de edades, de sentimientos, de comportamiento entre el amante y el amado. Establece entre ellos simetría e igualdad, ya que les hace nacer de la partición de un ser único; el mismo placer, el mismo deseo, llevan uno hacia el otro al erasto y al erómeno; por naturaleza, si es una mitad del macho, el muchacho amará a los hombres: encontrará “placer” en “dormir con los varones” y en “estar en sus brazos” (sympeplegmenoi). Y por ello, lejos de mostrar una naturaleza femenina, enseña que no es más que la “tésera” de un ser enteramente viril. Y Platón se divierte al hacer que Aristófanes regrese al reproche que, en sus comedias, había hecho con tanta frecuencia a los hombres políticos de Atenas: “terminada su formación, los individuos de esta clase son los únicos en revelarse hombres por sus aspiraciones políticas”. En su juventud, se entregaron a los hombres porque buscaban su mitad hombre; por la misma razón, vueltos adultos, buscarán a los jóvenes. “Amar a los muchachos”, “querer a los amantes” (ser paiderastês y philerastês), ahí están las dos vertientes del mismo ser. Aristófanes, a la cuestión tradicional del consentimiento, le da pues una respuesta directa, simple, enteramente positiva y que deroga al mismo tiempo el juego de las disimetrías que organizaba las complejas relaciones entre el hombre y el muchacho: toda la cuestión del amor y de la conducta a seguir se reduce entonces a encontrar la mitad perdida.

M. Foucault, Historia de la Sexualidad, Vol. 2: El uso de los placeres, Siglo XXI, pp.212-213.

Anteriores post relacionados:
Eros mediador, poco mordedor, 30-03-2011.

Anuncios
 

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: