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El discurso de Erixímaco (περὶ τῶν ἐρωτικῶν λόγοι 3)

04 Abr

Erixímaco, quien debía hablar después de Aristófanes pero que habla antes a causa del hipo del comediógrafo, empieza su «discurso» señalándolo explícitamente como una culminación (télos) del de Pausanias. Con ello se está diciendo que hay una «tendencia» en el discurso de Pausanias (quizá incluso ya en el de Fedro), que este nuevo discurso va a llevar a término. La «tendencia» tiene que ver con la dualidad de «Éros», es decir, con la «criba» o «distinción». Esa «criba» o «distinción» va a ser extendida, en el discurso de Erixímaco, a “todos los entes2 (186a). Con ello, por lo demás, Erixímaco no parece estar haciendo otra cosa que reconocer una «distinción» que es transversal a determinados saberes, que le sirven de prueba de lo que dice.
Primero, la medicina, de cuyo saber ya ha hecho gala en varias ocasiones anteriores (176d, 185d-e). La dualidad erótica pasa aquí a ser la dualidad del «éros de lo que está sano» y del «éros de lo que está enfermo». Lo bello es, según este esquema, «favorecer» los elementos sanos, y lo feo, los elementos enfermos.
La gimnasia y la agricultura se encuentran en la misma situación. Y son colocadas al mismo nivel que la medicina.
En otro nivel, la música, la astronomía, la adivinación, también se piensan por medio de la dualidad de «Éros».
«Éros» es así un dios «omnipotente», cuyo dominio no se reduce al de las almas humanas.
El énfasis de Erixímaco es, como se ve, por el lado de la «universalidad» de lo que se está hablando. «Éros» se ha salido aquí de sus goznes, si es que alguna vez estuvo en algunos: en efecto, ya el apunte sobre la «anterioridad» de «Éros» en el discurso de Fedro debía haber puesto en sobre aviso acerca de la ilimitación del campo de aplicación de «Éros»; incluso las indicaciones «políticas» del discurso de Pausanias deberían verse desde el punto de vista de que eso de que la propia pólis se ocupe –como tal pólis, es decir, mediante el nómos— de las prácticas del «éros» sitúa a esas prácticas como algo no particular. De todas formas, la extensión de «Éros» que se produce en este discurso –el de Erixímaco– es de otra índole. Aquí se reconoce explícitamente esta «universalidad» por la vía de detectar en el «Éros» un elemento «trascendental». En consonancia con ello, el «objeto» que lo pone de relieve ya no es esta o aquella «conducta» (Alcestis, Aquiles), o esta o aquella «costumbre» (Beocia, Atenas), sino este y aquel «saber». «Éros» es una relación dual presente en todo ámbito y por tanto reconocible por cualquier saber.
Obviamente, esta «extensión» no cancela la tensión entre universalidad y discriminación, simplemente la sitúa en su punto más candente. «Éros» es «ser», por lo tanto, no discrimina, pero es «algo», es «ser así y no asá», con lo que al mismo tiempo discrimina. Transcribo el siguiente pasaje de El saber de la comedia de Felipe Martínez Marzoa, que será aclaratorio:

Al discurso de Fedro siguen otros dos, los de Pausanias y Erixímaco, en los cuales la aporía que hay en la pretensión misma de referirse a eso que se pretende mencionar bajo el nombre de éros se pone de manifiesto sin que los propios hablantes la formulen en el específico carácter de aporía; a saber: se pone de manifiesto en el hecho de que ambos, para poder efectuar el reconocimiento de éros, se ven conducidos a la vez a distinguir entre dos modos o niveles en o de éros, con lo cual lo que se reconoce a la vez se niega, pues la selección de un éros frente a otro tendría entonces que estar basada en algo distinto de éros. La aporía es inherente al tipo de cuestión; si éros debe constituir, por así decir, el ser de lo ente, estamos ante algo que, a la vez, no puede ser nada, pues no puede contener discriminación alguna; incluso lo que no es, sin embargo, es, pues a ello nos referimos al decir que no es.

(pp. 84-85)
En todo caso, me interesa resaltar que el «momento» Erixímaco del Banquete podría parangonarse con lo que en una entrada anterior he llamado «momento περὶ φύσεως». Ya en ese post mencioné determinados «momentos» de la obra de Herodoto, por ejemplo, o a los «medicos» (como es el caso de Erixímaco). Incluso la propia épica tiene una «saturación περὶ φύσεως» en las obras de Parménides o de Empédocles, quienes, por cierto, también hablan de «Éros» de un modo destacado (el primero es mencionado por Fedro en su discurso y el segundo se expresa en términos muy similares a lo de Erixímaco aquí).

Anteriores post relacionados:
¿Qué es eso de los περὶ φύσεως?, 2-03-2011.
Notas preliminares sobre el “elogio de Sócrates”, 9-3-2011.
¿Qué es un «elogio»?, 10-3-2011.
Esquema de El Banquete, 14-3-2011.
El discurso de Fedro (περὶ τῶν ἐρωτικῶν λόγοι 1), 23-03-2011.
El discurso de Pausanias (περὶ τῶν ἐρωτικῶν λόγοι 2), 1-04-2011.

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