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El discurso de Pausanias (περὶ τῶν ἐρωτικῶν λόγοι 2)

01 Abr

El «discurso» de Pausanias (180c-185c) asume una función delimitativa. Ya el propio Fedro ha indicado «casos» privilegiados de «Éros» –Alcestis y Aquiles–, casos en donde el dios brilla más. La presencia del dios se encuentra en cada cosa, pero ciertas cosas aparecen de un modo más relevante que otras. Esto no quiere decir que no haya aquí una tensión. Al contrario. La tensión entre «universalidad» y «determinación» se da aquí manifiestamente (cfr. Muestras de Platón).
Pausanias se «instala» en el reconocimiento del dios, para a partir de ahí distinguir qué casos sí y qué casos no. Por eso su «discurso» se inicia con una crítica al asunto mismo, tal y como ha sido planteado: el «elogio» a «Éros» podría ser simple (haplôs) en el caso de que el asunto mismo (e.e. «Éros») lo fuera. No es así, dado que hay «hasta aquí», límite, determinación de qué sea «Éros». Es preciso responder qué «Éros» es el que se va a «elogiar». Hay dos, vinculados con las dos Afroditas: «Éros Uranio» y «Éros Pandemio». Lo «elogiable», se nos dice, no es el asunto mismo, la cosa, sino el «cómo»: algo es kalós si se hace kalôs. Por lo tanto, sólo el «Éros» que haga kalôs será el «Éros» a «elogiar». Como se puede ver, la «instalación» de Pausanias supone una esquema «neutralizador» que le asemeja a las cuestiones lógos-érgon o phýsis-nómos. Precisamente de nómoi va a hablar Pausanias, y de cómo determinan qué es kalós y qué es aiskhrós.
El «Éros Pandemio» es el «Éros» vulgar, referido a lo primero que encuentre, sea mujer o muchacho, y se deja guiar por el «cuerpo», centrándose en la consecución inmediata y prescindiendo del «modo». El «Éros Uranio», por el contrario, se refiere exclusivamente en los muchachos y se dirige al «alma». Al «Éros Pandemio» le corresponde la figura sin delimitación (la phýsis, el érgon) y al «Éros Uranio» la delimitada (el lógos, el nómos). Dicho de otro modo: dado que pueden referirse a «cualquier cosa», la conducta de los «amantes pandemios» ha provocado ciertas «costumbres» (nómoi) relativas al trato con los muchachos. A causa de la «inoportunidad» e «injusticia» de los «pandemios» algunos sostienen que es «feo» (aiskhrós) conceder los favores al «amante». La «costumbre» de la pólis ateniense demuestra aquí su astucia.
Otras «costumbres» sobre el «éros» en otras póleis son simples. En Élide, Beocia y donde no son sophoí en légein simplemente es considerado «bello» el que el «amado» ceda ante el «amante» (ello, se nos dice, es por no tener dificultades al convencer a los «amados»). En Jonia y otros sitios dominados por los bárbaros se considera, sin embargo, «feo» el que se concedan los favores; de la mano de esta «condena» de la «pederastia» va también la de la «philosophía» y la «gimnasia», precisamente porque a las tiranías no les convienen que surjan entre los gobernados ni grandes pensamientos, ni amistades o agrupaciones (caso de Aristogitón y Harmadro). La simpleza con la que se asume el asunto del «éros» se basa, por tanto, en la pereza de unos, que decretan «bella» toda relación «pederástica» para evitarse complicaciones, y en la maldad de los otros, que la juzgan «fea» para evitar las consecuencias que de ello se derivan. Ya sea por «carencia de lógos» o por «barbarie», no hay lugar aquí para el «Éros Uranio».
Otro caso es el de las póleis que se presentan como representativamente póleis: Esparta y Atenas. La mención de Esparta es borrosa, dado que al principio se la nombra, pero luego no vuelve a ser mencionada (hay discusión sobre si es una interpolación). En todo caso, en Atenas, según Pausanias, la «costumbre» acerca del «éros» es complicada: por un lado, se apoya al erastés –hasta el punto de permitirle hacer locuras– y se dice que es «bello» perseguir al erómeno manifiestamente; pero, por otro, al erómeno se le pone un pedagogo para que le cuide y se considera «feo» que hable con el erastés. El «Éros Uranio» surge de esta «complicación»: en efecto, la cosa será kalós si se hace kalôs. La relación erastéserómeno se convierte en «persecución»; eso asegura la criba entre los dos «éros». El «erómeno» sólo ha de «ceder» si el erastés demuestra ser «uranio», e. e., si es de aquello que quiere que el joven desarrolle su «inteligencia», su «saber», su «alma»… Sólo cuando las dos «costumbres» coinciden en lo mismo, cuando la «pederastia» del erastés y la «philosophía» del erómeno se armonizan, se produce el «Éros Uranio».
El «tono» de Pausanias es «político-normativo». Pienso en «Los trabajos y los dias». A ratos parece también descriptivo, un poco como un Herodoto. En todo caso, parece situarse en la asunción del dios, para posteriormente «delimitar» cuándo se cumple y cuándo no.

Anteriores post relacionados:
Notas preliminares sobre el “elogio de Sócrates”, 9-3-2011.
¿Qué es un «elogio»?, 10-3-2011.
Esquema de El Banquete, 14-3-2011.
El discurso de Fedro (περὶ τῶν ἐρωτικῶν λόγοι 1), 23-03-2011.

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