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Introducción de Dover a El Banquete (fragmento).

24 Mar

(Traduzco una parte de la Introducción de Kenneth Dover a su edición del texto griego de El Banquete en Cambridge UP (1980). Pongo la paginación de la edición original y alguna que otra aclaración mía entre corchetes. El texto griego lo translitero. Las notas las sitúo al final del post.)

1. EROS [1]

El Banquete de Platón presenta una reunión de invitados en la casa del poeta tragico Agatón. Después de cenar, deciden que, en vez de beber mucho y cantar, se turnarán para hacer un discurso elogiando a éros. Esta palabra, que puede denotar cualquier deseo fuerte (por ejemplo, por la victoria) y que es usada por Homero (en la forma éros [con ómicron]) para denotar ganas de comer y beber, significa frecuentemente “amor”, en el sentido que esta palabra tiene en nuestras expresiones ‘estar enAMORado (de…)’ [‘to be in love (with…)’] (erân, érasthai épico y poético) y ‘caer enAMORado (de…)’ [‘fall in love (with…)’] (erasthênai): esto es, intenso deseo por un individuo concreto como compañero sexual. Esta palabra no se usa, excepto retórica o humorísticamente, para las relaciones entre padres e hijos, hermanos y hermanas, amos y esclavos o gobernantes y súbditos.
Como de ríos, montañas, abstracciones (por ej., justicia, piedad) y fuerzas (por ej., vergüenza, terror) que son sentidos por el individuo actuando sobre él desde el exterior, éros fue constantemente nombrado como deidad y así fue representado en las artes visuales. Dado que la escritura griega no distinguía entre mayúsculas y minúsculas, sólo el contexto puede mostrar si un escritor que usa la palabra éros está diciendo algo acerca de una joven deidad alada o más bien está hablando sobre un aspecto del sentimiento y la conducta del hombre. (…) Sería un error decir que la deidad Éros es ‘sólo’ el símbolo de una fuerza natural, ya que sus características (especialmente como las describe Agatón en 195c6-196b3, de acuerdo con la representación en las artes visuales) son características de la forma externa de los objetos de éros, o de los temperamentos susceptibles de éros, pero no de la fuerza natural misma.
‘Amor’ en general es philía en griego (verbo: phileîn); puede denotar no-beligerancia entre naciones, el afecto que podemos sentir por un colega y el gran amor que comúnmente sentimos por un pariente, hijo, amigo íntimo o (combinado con deseo sexual) por un cónyuge o amante. ‘¿Me quieres?’ [‘Do you love me?’] es phileîs emé; ya sea en un contexto sexual (por ej., Jenofonte, [2] Symp. 9.6) o familiar (por ej., Aristófanes, Nubes 82). [NOTA 1] Las relaciones sexuales eran consideradas como la esfera de la diosa Afrodita y eran llamadas tà aphrodísia (verbo: aphrodisiádsein); el deseo sexual era más comunmente denotado por las palabras para deseo en general, epithymía y epithymeîn. (…)
No obstante, los griegos estaban en general de acuerdo en tratar cuantitativamente la diferencia entre éros y deseo sexual (Pródico (B7) definía éros como ‘deseo duplicado’, añadiendo que ‘éros duplicado’ era ‘locura’) y en tratar esencialmente a ambos como una reacción al estímulo suscitado por la visión de una persona que es kalós. Esta palabra, cuando se aplica a una persona, significa ‘bello’, ‘hermoso’, ‘guapo’, ‘atractivo’, y su antónimo es aiskhrós, ‘feo’. Las palabras son también aplicadas a objetos, visiones, sonidos y a cualquier cosa sobre la que se pueda hablar y pensar, como una institución, un logro o un fracaso, una acción virtuosa o viciosa; kalós expresa una reacción favorable (‘admirable’, ‘estimable’, ‘honorable’) y aiskhrós una reacción desfavorable (‘vergonzoso’, ‘repulsivo’, ‘despreciable’). [NOTA 2]
Cuatro oradores en el Banquete, incluyendo a Sócrates, consideran a éros como una reacción a lo que es kalós. (…)

2. HOMOSEXUALIDAD [3]

En el Banquete vemos un mayor tratamiento del éros homosexual que del heterosexual; y esto no es una excentricidad de Platón, sino que se halla en consonancia con la conducta de su tiempo y su lugar. A partir de la literatura, el arte y los mitos griegos es evidente que, al menos a comienzos del siglo VI a.C., los griegos habían llegado a pensar como natural [NOTA 3] que un niño o un joven bien parecidos produjeran en un varón más mayor el mismo deseo de contacto y orgasmo genital que el que provoca una chica hermosa. Ellos no consideran incompatibles las relaciones homosexuales con las relaciones heterosexuales esporádicas o con el matrimonio; algunos hombres fueron, sin duda, predominantemente homosexuales, pero la relación continua entre Pausanias y Agatón que encontramos en el Banquete (177d, 193bc) es algo inusual.
El lenguaje sexual en la literatura griega seria (en cuanto distinta de la comedia y otros géneros menores) es siempre circunspecto y el lector no debería despistarse con los términos recurrentes hypourgeîn, ‘hacer un servicio’, y kharídsesthai, ‘conceder un favor’. El ‘servicio’ o ‘favor’ fundamental deseado por el varón mayor es el contacto corporal que conduce al orgasmo, aunque, sin duda, una sonrisa o una palabra amistosa podía ser apreciada por el amante obsesionado como un favor provisional. Es evidente que se pensaba que un amante homosexual era capaz de todo el anhelo obsesivo, la desesperación, la auto-humillación y el auto-sacrificio devoto que nuestra literatura más romántica asocia al amor heterosexual. [NOTA 4]
Donde quiera y cuando quiera que se originara el ethos homosexual del mundo griego, la simple respuesta a la pregunta ‘¿por qué los atenienses de la época de Platón fueron tan aficionados a las relaciones homosexuales?’ es ‘porque sus padres y sus abuelos lo fueron’. La estructura de la sociedad ateniense, y en particular la segregación de los sexos, reforzaba y mantenía este ethos. Al menos, con respecto a las familias que tenían suficientes esclavos para eximir a las mujeres de los recados corrientes y de los trabajos al aire libre, era dificil para un joven ateniense tener un amorío con la hija de un vecino con estatus de ciudadano. Era fácil para él, si tenía algún dinerillo, pagar por usar el cuerpo de una mujer de estatus foráneo o servil; con más dinero, podía llegar a un acuerdo más permanente; pero sólo al cortejar o seducir a un varón más joven nacido libre [4] podía lograr la satisfacción de ser aceptado por sí mismo (y de ser admirado y envidiado debido a su ‘conquista’ por sus compañeros) sin exponerse a los riesgos relacionados con el adulterio. [NOTA 5]
Los griegos no pensaban que un amorío homosexual implicara un deseo mutuo por parte de dos varones del mismo grupo de edad. El varón más maduro, motivado por éros, ‘persigue’, y el más joven, si ‘cede’, ello se debe al afecto, la gratitud y la admiración. El varón mayor es el erastés (‘amante’), el más joven es su erómenos (participio pasivo de erân) o su paidiká (un plural neutro, ‘cosas que hacer con niños’, designando una persona). [NOTA 6] La sociedad comprendía al erastés persistente y le animaba, pero no toleraba el atrevimiento o la seducción deliberada por parte del erómenos; podríamos compararlo con las sociedades heterosexuales en las que se espera de las mujeres que digan ‘no’ y de los hombres, sin embargo, que sigan intentando hacerles decir ‘sí’. [NOTA 7]
El Sócrates de Platón entra cortesmente dentro de las convenciones de la homosexualidad ateniense. [NOTA 8] Por ejemplo, en Cármides 155c manifiesta encontrarse en un estado confuso y excitado debido a un vislumbre debajo del manto de Cármides, tal y como si estuviera hablando de vislumbrar los pechos de una chica; en Lisis 206a aconseja a Hipotales, quien está locamente enamorado de Lisis, que cuanto más se elogia a un niño bien parecido, más vanidoso se vuelve y ‘más dificil de atrapar’ (dysalotéros); y en Banquete 177d6-e3 celebra con entusiasmo la propuesta de Fedro de hacer discursos elogiando a Éros, diciendo: ‘No reivindico saber nada, ¡excepto tà erotiká! Lo que él quiere decir con tà erotiká lo aprendemos al haber acabado de leer el Banquete, y no poco por el relato de Alcibiades de su vano intento de seducir a Sócrates. La descripción de Aristodemo como un erastés de Sócrates (173b3) es medio broma, medio reconocimiento de que los socráticos usaban el lenguaje del éros más libremente, y con menos connotaciones especializadas, que la mayoría de la gente.
Cualquier relación entre un varón mayor y otro más joven en una comunidad griega tenía una dimensión educativa de la que carecía necesariamente una relación entre un hombre y una mujer, pues el más joven, destinado a ser un varón adulto, podía tomar al mayor como un modelo a imitar, y esto estimulaba al mayor a llegar a ser, y [5] permanecer, digno de ser imitado. Esta es la razón por la que la reacción homosexual de un hombre al estímulo producido por un niño o un joven bellos le parecía a Platón unos buenos cimientos sobre los que podía ser construida, primero, una relación alumno-maestro y, después, una empresa intelectual cooperativa. Además, él consideraba que nuestra respuesta a la belleza visual (Fedro 250d) es el más claro vislumbre de eternidad que nuestros sentidos nos ofrecen (los metafísicos modernos tienden a pensar primero en una sinfonía de Beethoven, aunque algunos prefieran un amanecer de las Highlands); y no cabe duda de que la reacción homosexual era la más poderosa experiencia emocional conocida por la mayoría de la gente para la que estaba escribiendo. Si él mismo era ajeno o no a la reacción homosexual no puede ser decidido según las evidencias existentes. De igual modo, no sabemos si Sócrates experimentaba la tentación homosexual tan intensamente como les ocurría a otros; Aristoxeno, entrado el siglo IV, informa (fr. 54a) de una tradición (que los platonistas han solido tratar desdeñosamente) que decía que el apetito heterosexual de Sócrates era anormalmente intenso.

NOTAS (GPM = Dover, Greek Popular Morality; GH = Dover, Greek Homosexuality):

NOTA 1: Hay otras palabras para amor. En el griego cristiano se prefieren agápe y agapeân, pero debe notarse que en griego clásico estas palabras pueden denotar un amor del que la relación sexual es un ingrediente (en un temprano vaso ático de figura roja una mujer haciendo ‘topless’ en una cama y bebiendo vino es llamada Agápe).
NOTA 2: En griego más tardío, kalós reemplaza a agathós y khrestós como la palabra más general para ‘bueno’. El proceso comenzó pronto, con la sinonimia de los adverbios kalôs y : GPM 69-73.
NOTA 3: GH 60-68.
NOTA 4: GH 30-52, 123ss.
NOTA 5: GH 149-151; GPM 209-216.
NOTA 6: GH 16ss.
NOTA 7: GH 81-109.
NOTA 8: GH 153-157.

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