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De Sileno y Marsias.

15 Mar

Extraido de Robert Graves, Los mitos griegos (Alianza).

Sobre Sileno:

Cuando [Dioniso] llegó a edad viril, Hera lo reconoció como hijo de Zeus, a pesar del afeminamiento a que lo había reducido su educación, y lo enloqueció también. Fue a recorrer el mundo entero acompañado por su preceptor Sileno y un ejército salvaje de sátiros y ménades, cuyas armas eran el báculo con hiedra enroscada y con una piña en la punta, llamada thyrsus, y espadas, serpientes y bramaderas que infundían el terror. (p. 126)
[Apolodoro: iii.5.1; Esquilo: Los edonios, un fragmento; Diodoro Sículo: iii.70-71.]
(…)
Sileno, el sátiro nacido de la tierra, pretende haber tomado parte en esa batalla [contra los Gigantes] al lado de su discípulo Dioniso, matado a Encélado y sembrado el pánico entre los gigantes con los rebuznos de su asno de carga, pero Sileno está habitualmente borracho y no puede distinguir la verdad de la mentira. (pp. 161-162)
[Esquilo: Cíclopes 5 y ss.]

Sobre Marsias:

Luego Apolo mató al sátiro Marsias, acompañante de la diosa Cibeles. Así fue como sucedió: Un día Atenea hizo una flauta doble con huesos de ciervo y la tocó en un banquete de los dioses. No podía comprender al principio por qué Hera y Afrodita se reían silenciosamente tapándose el rostro con las manos, pues su música parecía complacer a los otros dioses; en consecuencia se dirigió sola a un bosque frigio, tomó otra vez la flauta junto a un arroyo e inmediatamente se dio cuenta de lo ridícula que le hacía parecer el rostro azulado y los ojos hinchados, por lo que arrojó la flauta y maldijo a quienquiera que la recogiera.
Marsias fue la víctima inocente de esa maldición. Tropezó con la flauta, que tan pronto como se la llevó a los labios empezó a tocar por sí sola, inspirada por el recuerdo de la música de Atenea; recorrió Frigia con ella en el séquito de Cibeles, deleitando a los campesinos ignorantes. Éstos decían que ni Apolo mismo podía haber hecho mejor música, ni siquiera con su lira, y Marsias fue lo bastante insensato como para no contradecirles. Por supuesto, esto provocó la ira de Apolo, quien le invitó a un certamen en el que el vencedor podría imponer el castigo que quisiese al perdedor. Marsias accedió y Apolo eligió a las Musas como jurado. Los dos quedaron igualados, pues a las Musas les encantaban ambos instrumentos, hasta que Apolo le gritó a Marsias: «Te desafio a que hagas con tu instrumento lo que yo puedo hacer con el mío. Ponlo al revés y toca y canta al mismo tiempo».
Con una flauta esto era manifiestamente imposible y Marsias no logró hacer frente al desafío. Pero Apolo invirtió la lira y cantó himnos tan deliciosos en honor de los dioses olímpicos que las Musas no pudieron menos de sentenciar en su favor. Luego, a pesar de su supuesta bondad, Apolo se vengó cruelmente de Marsias: lo desolló vivo y clavó su piel junto a un pino (o, como dicen algunos, un plátano), junto a la fuente del río que ahora lleva su nombre. (pp. 91-92).
[Diodoro Sículo: iii.58-9; Apolodoro: i.4.2; Segundo Mitógrafo Vaticano: 115; Plinio: Hist. Nat. xvi.89.]

Anteriores post relacionados:

Notas preliminares sobre el “elogio de Sócrates”, 9-3-2011.

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2 Respuestas a “De Sileno y Marsias.

  1. Emiliano Riveroll

    enero 26, 2014 at 11:34 am

    Las imágenes son fantásticas. ¿Me podrías enviar las referencias, por favor?
    Un saludo

     

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