«Los conceptos que empleamos o tesis que formulamos atendiendo a las palabras de un poema, no pueden en modo alguno tener la pretensión de exponer el «sentido» del poema mismo, ni mucho menos el «pensamiento» del poeta. Son conceptos o tesis que nosotros necesitamos sólo para poder en última instancia prescindir de todo ello y simplemente escuchar o decir el poema. Ahora bien, en efecto necesitamos de todo eso, porque la lectura inmediata, presuntamente aconceptual, es en realidad la más conceptual de todas, sólo que sus conceptos son los de la pura banalidad y por eso no se hacen notar como tales; justamente para evitar esa conceptualidad trivial, es preciso todo el trabajo de la «interpretación», el cual, por lo tanto, no tiene como función instaurar otra conceptualidad, que fuese la buena, sino desaparecer y dejar estar pura y simplemente el poema. La inocencia que vale es la que está al final; la del principio es un pseudónimo de la trivialidad».
F. Martínez Marzoa, De Kant a Hölderlin, pp. 123-124.


yessica neyra
marzo 19, 2012 at 8:33 pm
me gustaria que esta pagina mostrara mas articulos sobre lo trival, aplicado a la pintura, escutura y dibujo.
Lucas Díaz
marzo 19, 2012 at 9:59 pm
Creo que no te entiendo muy bien, Yessica, ¿podrías ser un poco más específica?